Desmemorias del tiempo


Andamos compungidos con esta interminable sucesión de días lluviosos en los que grandes firmas como Luís Pousa o Alonso de la Torre escriben sobre la maestría gallega en el manejo de los paraguas, en los que las encharcadas losas de A Quintana reflejan poéticas imágenes invertidas de la Catedral y en los que a mí me da por consultar ese enorme baúl de los recuerdos que es el hemerográfico para rescatar un episodio que está en la memoria de todos ustedes, más que nada, porque lo hemos recordado hace poco con motivo de su 35 aniversario: el Hortensia, ese fuerte temporal de efectos devastadores que entonces fue calificado como huracán o ciclón porque todavía no se habían puesto de moda las ciclogénesis explosivas. Pero menos serán los que recuerden otra tormenta furiosa que en 1987 desbordó ríos en Caldas y Padrón y puso en riesgo una presa en Noia, además de obligar a evacuar a 1.500 personas en las comarcas costeras de A Coruña. Y qué decir de las riadas que en noviembre del 2006 siguieron a los incendios forestales de ese mismo verano y que anegaron localidades como Caldas o Vilagarcía. Ya lo decía Rosa Crujeiras, doctora y experta en Estadística de la USC, en una entrevista que le hice la pasada semana: «Sempre nos sorprende que chova en inverno e faga calor en verán». Me recordó otra que le hice al director del Observatorio Astronómico Ramón María Aller, Ángel Docobo, el 26 de noviembre del 2017. Se titulaba así: «Si llueve tres meses seguidos, pocos se acordarán de la sequía». En efecto, ¿se acuerda hoy alguien de la sequía y de las medidas que se iban a tomar para que no se repitiese? ¡Qué país de desmemoriados!

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