Camino urbano


La reforma de las entradas de los Caminos de Santiago en la ciudad es una asignatura pendiente que ahora, a las puertas del Xacobeo 21, por fin se va a resolver. La Consellería de Infraestruturas, técnicamente bien asesorada, asume una labor muy delicada, sobre todo en el Camino Francés, en Concheiros, con el cruce de la avenida de Lugo; y también en el paso del Portugués por el núcleo tradicional de Conxo. Lo del Camino Inglés en el polígono del Tambre, aunque meritoria, no deja de ser una operación de maquillaje frente al agresivo entorno industrial. Sin embargo, hay intervenciones urbanas supuestamente más sencillas que, a ojos inexpertos pero sí sensibles, no parece que estén a la altura de lo exigible en una ciudad patrimonio de la humanidad o, simplemente, de barrios que quieren ser más vivibles. Veamos dos de muy distinto cariz, ya ejecutadas en rutas jacobeas con resultados cuestionables: desde el punto de vista de la humanización de un entorno densamente edificado, se podía esperar mucho más y mejor de la reurbanización de la avenida de Vilagarcía, pero casi nada desde el patrimonial, obviamente, porque nada queda de su pasado vinculado al Camino Portugués. No es el caso de la reforma de la calle Castrón Douro, que se ha deshumanizado y perdido parte de sus señas de identidad tradicionales. Y eso pese a ser zona regulada por el plan especial de la ciudad histórica y entrada jacobea de la Vía da Prata. A los vecinos se les impone rigor en las reformas de sus casas, pero el Concello puede hormigonar gran parte de la faz de la calle y cargarse las pocas zonas verdes y árboles que había. Muy coherente.

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