El gran agujero del Clínico


Hace muchos años, demasiados, que el recinto que rodea el hospital Clínico quedó abandonado a su suerte. La imagen de los vehículos desparramados por las aceras, sobre los espacios que fueron ideados como zonas ajardinadas o inutilizando los pasos habilitados para los peatones, es más propia de una zona de trincheras que del exterior de un complejo sanitario puntero en muchas de sus especialidades. Ese contraste entre el caos que impera en el exterior y la excelencia de los profesionales que investigan y prestan asistencia a sus pacientes dentro de los edificios resulta apabullante. Porque, además, esa anarquía en el aparcamiento es un factor que multiplica los riesgos para los pacientes que se dirigen al hospital y que en muchos tramos se ven abocados a transitar por la calzada ante la imposibilidad de saltar por encima de los vehículos que ocupan las veredas.

Por eso son más difíciles de entender los motivos por los que esa situación se ha prolongado, y agravado incluso con los años, sin que las administraciones implicadas, la autonómica y la municipal, hayan sido capaces de articular una respuesta. Los proyectos que se han ido esbozando para construir nuevos aparcamientos no acaban de concretarse, y aquel incremento de plazas ligado a lo que será -o a lo que iba a ser- el futuro edificio de Medicina fía una solución incierta y a largo plazo. Así las cosas, solo cabe interpretar la mejora de la calzada y la señalización que proyecta la Xunta como un primer paso para acabar con la barra libre y poner orden. Lo contrario será seguir alimentando un caos incomprensible.

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