Minia Banet: «Deberían organizarse más ferias de artesanía, aquí hay muchos creadores»

Hace cinco años descubrió el bordado y hace tres creó su marca, Studio Variopinto


Santiago / la voz

La lluvia da una cortísima tregua. Minia Banet (Santiago, 1986), se asoma justo a tiempo desde un lado del palacete de la Finca do Espiño. En una bolsa lleva un tesoro. Una pequeña muestra de un universo que ha ido construyendo con sus propias manos. Puntada a puntada. Porque Minia, aunque estudió fotografía, es bordadora. «Fue como casualidad. Me pedía el cuerpo hacer algo con las manos y me hice un curso online». De eso hace cinco años. «Me enganché por completo, no podía parar de bordar».

Así, moviendo las manos casi como si diese puntadas, cuenta frente a un té bien caliente en el Tertulia cómo nació Studio Variopinto, una marca de artesanía especializada en bordado. De eso hace más de tres años. Ahora, además de aceptar encargos y vender a través de su web, tiene productos en diferentes tiendas -en Santiago vende en Decotío- y da talleres. «Me costó muchísimo dar el paso de dar talleres», reconoce. Fue Andrea, la ilustradora que regenta en A Illa La Platanera, la que la empujó a dar el paso. «Me moría de miedo y estoy encantada, porque la mayoría de la gente que viene continúa bordando». Le ha cogido tanto el gusto que piensa en combinarlo con una de sus grandes aficiones, que es viajar, y dar clase en las

¿Qué es lo que más le encargan? «La gente me manda sus fotografías para que se las borde», el origen de Studio Variopinto: una mezcla de hilos y píxeles. «Hago mis fotografías y bordo sobre ellas», explica. De hecho, trabajó durante una temporada como fotógrafa social, aunque no acababa de hacerla feliz. «Fue un poco improvisado, pero me metí en fotografía porque lo que me alucinaba era el stop motion, la animación, y lo que más se parecía en ese momento eran los ciclos de fotografía. Me parecía la leche. Pero ahora ya no me veo trabajando de algo así».

Eso sí, el cine sigue estando muy presente en su vida, y de hecho protagoniza una de las colecciones con las que se ha hecho muy conocida: los fotogramas bordados. «La primera fue ET en la bici, es de mis pelis favoritas de la vida». La primera que bordó, porque la primera peli que recuerda haber visto en el cine -en la desaparecida Sala Yago- cree que es El último mohicano. «No lo entiendo, porque yo era muy pequeña y recuerdo que lo pasé fatal porque me pareció que duraba cinco horas y media. Hoy me gusta». Esa afición al cine todavía la conserva, en el bordado, «pelis hago una o dos a la semana, lo que pasa es que no tengo tiempo a sacarlo todo en redes sociales». Y también en la vida. «Numax es de mis favoritos, no solo por la programación, es que me parece el cine más acogedor del mundo».

Sí, de estos dos detalles se deduce que Minia es una de esas rara avis compostelanas: una picheleira. Es nieta del arquitecto municipal que promovió el primer Ensanche, su vida ha transcurrido en la zona de tránsito entre las dos Compostelas. Estudió en el Pío XII y luego en el Rosalía de Castro, aunque el bachillerato artístico lo cursó en el IES de Sar. De pequeña, su referencia era principalmente la zona vieja. La adolescencia la pasó en el Ensanche. «Sí, claro, salíamos por la zona de Galerías, Apolo...». Y ahora que es adulta, su vida vuelve a transcurrir por calles empedradas. Y además, forma parte de un Santiago creativo que todavía permanece un poco oculto. Una corriente subterránea que quiere salir a la superficie. «Sí, hay muchísima gente que se dedica a esto», dice. Lo que no abunda tanto es un espacio de confluencia. «Deberían organizarse más ferias de artesanía, aquí hay muchísima gente que se dedica esto», dice. «Sitios donde podemos ir en Santiago hay, pero yo organizaría más», también en la zona vieja. Incluso algo así como la SELIC, la semana del libro, pero especializado en artesanía.

-¿Y por qué no probáis a organizar algo vosotros?

-Ah.. [ríe]. A lo mejor hay ideas.

«Hay mucha demanda de bordadoras, sobre todo para la alta costura»

«Hay una carrera de bordado en Inglaterra, creo que son tres o cuatro años. Si hubiese conocido esto hace años, habría hecho esa carrera. Y ahora no lo hago porque no puedo». Es tal la pasión que ha desarrollado que Minia Banet también se ha presentado a los premios de Artesanía de Galicia. Uno de ellos es una beca de formación y a ella le gustaría ir a París, a una de las mejores escuelas de bordado que existen. «Hay mucha demanda de bordadoras, sobre todo para alta costura, porque es algo que se está perdiendo muchísimo».

Con esa afición a viajar, con esas ganas de aprender, y después de haber vivido un año en Irlanda, Minia jamás ha dejado del todo Santiago. «Ahora que estoy aquí instalada y todo el tiempo con Variopinto, la verdad es que no tengo ni tiempo a pensar en irme a otro lado. No lo descarto, pero me conformo con viajar».

Lo que sí se plantea es cambiar de barrio. «Mis barrios favoritos son el Carme de Abaixo, San Pedro y la zona de Sar. Pero estuve buscando y es casi imposible encontrar. Lo de los alquileres ahora es una pasada». Cuando llegó a las inmobiliarias para sondear el mercado, la primavera pasada, le dijeron incluso que los estudiantes no se mueven de piso porque les da miedo perderlo. «Me dijeron, va para largo». Así que por el momento sigue viviendo el tránsito entre el Ensanche y la ciudad vieja.

Compostela funciona también como una red de seguridad. Se lo demostraron cuando decidió empezar con este proyecto. «La verdad es que todo el mundo me apoyó, dijeron que no sabíamos lo que iba a pasar, pero que a tope». Su madre es uno de sus grandes apoyos. «Cuando me da algún tipo de bajón me ayuda».

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