Paula María Márquez: «La reducción de la velocidad se nota en que ahora hay menos muertes»

«Estamos quedando sin jóvenes conductores», afirmó la subdirectora del Observatorio de Seguridad Vial en el Colexio de Psicoloxía


SaNtIaGO / LA VOZ

Desde principios de este año, la reforma parcial del Reglamento General de Circulación modificó las velocidades máximas en las carreteras convencionales hasta 90 kilómetros por hora para turismos, motos y autobuses, y 80 por hora para el resto de vehículos. «A veces es la suerte la que ayuda a bajar las cifras de muertes en la carretera. Pero la suerte hay que buscarla. Esa reducción de la velocidad se nota en que ahora hay menos muertes. El impacto en la siniestralidad muestra que, de cada 100 personas que fallecían antes, al menos ahora tenemos 10 muertes menos», afirma Paula María Márquez, directiva del Observatorio de Seguridad Vial de la Dirección General de Tráfico. Ayer fue ponente, en el Colexio Oficial de Psicoloxía, en la cuarta Xornada Galega de Psicoloxía do Tráfico e a Seguridade.

«En el 2018 fallecieron 1.810 personas en las carreteras españolas. Esa cifra supuso ya una pequeña disminución respecto a 2015, 2016 y 2017; y este año se mantiene la tendencia al descenso. España está por debajo de 2.000 muertes por accidentes de tráfico anuales, eso significa menos de 40 muertes por millón de habitantes. Es una cifra mejor que la media europea, que es de 45 personas fallecidas por millón de habitantes. Solo el Reino Unido, Noruega, Países Escandinavos y Holanda están mejor», sostiene. Victoria Gómez Dobarro, jefa de Tráfico en A Coruña, avanza que en la provincia «este año las cifras son muy buenas, sobre todo desde septiembre; a estas alturas son también mejores que las del 2018».

La buena evolución de los datos se explica por el carné por puntos y por otras medidas, con intervención desde diversos ámbitos. Paula María Márquez sostiene que «nuestra misión es llegar al cero: que no haya ningún fallecido ni ningún lesionado en las vías, y ese es un objetivo para el 2050. La Organización Mundial de la Salud propone que para el 2030, en la región europea, la cifra de fallecidos y de heridos graves se reduzca a la mitad respecto a lo que ocurra en el 2020. Hay que hacer mucho para conseguirlo».

Que los vehículos sean más seguros también contribuye a ese objetivo. Y pone un ejemplo: «El año pasado no falleció ningún niño, gracias a la utilización de los sistemas de retención infantil, a pesar de que hubo menores implicados en accidentes. Y también influyen positivamente la mejora de las infraestructuras, y el medio ambiente. Pero el factor humano sigue siendo una prioridad; o desafíos como los nuevos vehículos para la movilidad personal, como los patinetes».

En su intervención de ayer en Santiago «vengo a romper algunos mitos», dijo. Y uno de los principales es el edadismo, o discriminación de grupos de personas o colectivos por motivos de edad: «Espero convencer con datos para desmontar creencias erróneas sobre las personas de edad avanzada o jóvenes al volante. Hay más personas de 65 y más años, y tienden a aumentar; y a esas edades son más frágiles y tienen problemas de salud que hacen más complicada su supervivencia en los accidentes, pero eso no tiene que ver con que conduzcan mal. Y los jóvenes no son un colectivo preocupante al volante; es más, estamos quedando sin jóvenes conductores, cada vez consiguen el permiso más tarde; no ocurre como en generaciones anteriores, que querían tenerlo ya a los 18 años. Además, su forma de moverse es diferente, usan mucho el transporte compartido y el público, son muy ecologistas y no quieren contaminar, y sobre todo están muy concienciados de no beber si van a conducir, como evidencian los controles de alcoholemia», manifiesta Márquez.

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