«Pensé que se me pasaría con el tiempo, pero me sigo poniendo nerviosísima»


Matarile hizo una pausa en el 2010 y tardó tres años en volver. «Lo hicimos despojados del peso y con la ilusión de los primeros años recuperada». Quizás es por esa sensación del eterno retorno que, pese a los 33 años de bagaje, cada vez que Ana sale a escena es como un estreno. «Pensé que se me pasaría con el tiempo, pero me sigo poniendo nerviosísima». Lo dice mirando para las escaleras de A Quintana, el rincón que eligió porque era el escenario en el que todos los años se clausuraba En Pé de Pedra. «Era donde se sentaban los espectadores, miles de espectadores que llenaban la plaza, era como un fin de fiesta que me marcó». Hasta 16.000 personas reunían en cada una de las ediciones, que se hacían en junio, cuando ya se habían ido los estudiantes y todavía la ciudad no se había llenado de turistas, porque era un espectáculo pensado para la ciudad, «para convertir el público en espectador».

Los tiempos sonríen de nuevo para Matarile, y sobre todo para la única directora gallega nominada a los Premios Max, un reconocimiento que le llena de satisfacción y que se suma a otros premios muy queridos por ella, como el que recibió en Valladolid o el que creó para Matarile el público del festival Don Quijote de París. El reflote del Titanic tras años de numantinas hazañas épicas coincide con su presencia en el Festival de Otoño de Madrid, una de las principales citas teatrales en España. Representarán Daimon y la jodida lógica, al modo de los espectáculos de los viejos tiempos; Teatro invisible y Los limones, la nieve y todo lo demás, a punto de representarse también en A Coruña.

Vuelve Vallés, ávida de vida. En realidad, nunca se fue.

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«Pensé que se me pasaría con el tiempo, pero me sigo poniendo nerviosísima»