Este refugio da una segunda oportunidad a perros de razas potencialmente peligrosas

Loreto Corral dirige Cangal, «una residencia canina utópica»


Se les pinta como el lobo feroz, cuando en la mayoría de los casos son mansos y tiernos como corderitos. Los llamados perros potencialmente peligrosos (PPP) lo tienen crudo cuando se trata de segundas oportunidades. Les persigue la mala fama y una serie de estigmas que, en muchos casos, los relegan directamente al final de la fila en la cola de las adopciones. Intentando reequilibrar la balanza, surge Cangal, una residencia canina que sirve en Santiago de refugio para estos animales. Loreto Corral Pedregosa, una guía militar de perros y educadora canina afincada en la capital gallega desde hace 12 años, está detrás de este proyecto, que supone su primera aventura empresarial, reconoce con un suspiro. Hija de un funcionario, su hogar fue saltando de una provincia a otra, hasta que «conocí a mi pareja recogiendo chapapote tras el desastre del Prestige y aquí me quedé». Su primer contacto con un PPP fue hace tiempo: «Adopté al primero hace 16 años. Se llamaba Byron. Era un pitbull que había salido de pelear en la zona de Valencia. Venía con las orejas cortadas a tenaza y, una vez que los conoces, te enamoras». Luego llegaría a su hogar la segunda, una american stanford. El contacto diario con estas razas llevó a Loreto a poner en marcha la asociación 3PA para el rescate, rehabilitación y adopción de perros considerados PPP en España. El problema, dice, es que al no disponer de un refugio dependían de residencias caninas de Compostela y Madrid mientras se les buscaba una nueva familia «y, aunque nos hacían precio, acabábamos pagando muchísimo dinero a terceros». Cangal es, desde febrero, ese refugio que no tenían. «Ha sido un respiro económicamente tener estas instalaciones. Son, por así decirlo, una residencia canina utópica», indica. Esta colabora, paralelamente, con otras asociaciones «por un precio mínimo» y sirve también como residencia al uso, en la que confían los dueños de perros, gatos y otro tipo de mascotas (como conejos, tortugas, cobayas, hurones o chinchillas; con su propio espacio, apartados del resto). A través de la asociación, se ocupan de la reeducación de los PPP antes de que sean dados en adopción, en los casos en los que es necesario: «Queremos familias para toda la vida y no que por un problema de conducta se vean en la calle de nuevo a los dos días. Yo se bien qué es tener un PPP. Cómo te trata la gente a la hora de salir a la calle, aunque tengas el perro mejor educado del mundo». En la residencia trabajan con una metodología positiva y tienen desde una pista de agility casera hasta una piscina de bolas con premios para desarrollar el olfato de los animales, su confianza y reducir el estrés. Loreto agradece la buena acogida que ha tenido la iniciativa parte de los vecinos de Fecha. «Ahora mismo tenemos seis en adopción, no todos PPP. Hay hasta una loba blanca, Ángela, y el veterano es un american standford de 12 años», señala una mujer que cree en los perros potencialmente perfectos y en las personas potencialmente peligrosas.

 

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