La periferia universitaria


Sin ellos, se muere. Dejaría de ser lo que es. Lo que han ido construyendo año a año, curso a curso, siglo a siglo. Nota a nota, trago a trago. Si hay que elegir el latido de Compostela, son los universitarios. Primero fuimos los de toda la vida los que hemos acabado desahuciados. Los precios empezaron a desbocarse y hoy es casi imposible vivir en el casco urbano en un piso alquilado. Y barato. Pero el turismo caníbal nunca deja de pegar bocados. Y en su atracón inmobiliario le ha tocado también a los estudiantes. También a ellos los ha expulsado.

Se van. Se van porque es imposible. Porque no hay manera de alojarlos. Los precios están locos y los apartamentos disponibles se pueden contar con los dedos de una mano. El mercado no se autorregula, así que este delirio habrá que ralentizarlo. O podemos quedarnos sin vivienda al mismo ritmo al que el comercio tradicional fue fagocitado. Si los universitarios se van a Bertamiráns, ¿en qué quedará convertido Santiago? Apenas un hotel eterno en este mar de piedra que nos ha estado acunando.

Compostela, capital de Europa en la que duerme un turista en cada cuarto. Los vecinos no se conocen, porque nadie permanece más de una semana alojado. Un patrimonio de la humanidad convertido en un escenario de cartón piedra para que paseen solo los que nunca la habían visitado. Una ciudad entera que ha quedado transformada en mero decorado. Es hora de meter mano. De regular este desaguisado. Por favor, que alguien haga algo. Este modelo insostenible nos está asesinando.

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