La okupación ya pone en peligro proyectos urbanísticos en Santiago

Verde Urban no edificará dos casas si no se desaloja un edificio okupado desde el 2010


santiago / la voz

Casi una década después, la vivienda ubicada en el número 15 del Rueiro de Figueiriñas sigue estando okupada, mientras continúa su prolongada agonía a la espera de una rehabilitación integral. Desde el 2010, en este edificio habitan de manera ilegal al menos dos personas, según explica José Luis Touceda, miembro de la promotora Verde Urban Galicia, que adquirió en el 2011 varias parcelas de esta zona. La primera decisión que tomó la promotora fue llamar a la Policía Nacional para que desalojara el inmueble, «pero como non era tecnicamente unha vivenda privada, non se puido aplicar o proceso habitual», apunta Touceda.

El objetivo de Verde Urban es el de construir en esa finca dos viviendas energéticamente autosostenibles, pero las constantes demoras y trabas administrativas no han hecho más que prolongar más la materialización de este proyecto. «De seguro hai dúas persoas, pero de vez en cando chegan a ser catro ou cinco. Unha é unha rapaza cuns cans e o resto deben ser amigos dela, pero de momento non fomos capaces de identificalos, nin sequera a policía», explica Touceda, y ya adelanta que si la situación continúa así «abandonaremos o proxecto e marcharemos de aquí, porque isto é desmoralizante».

En ese tiempo, la okupación se ha hecho más que efectiva, dotando a la vivienda con luz y electricidad. Según cuenta Touceda, los okupas «teñen a auga enganchada, e mesmo tivo que vir un equipo de Viaqua para cortarllela, pero volvérono a facer outra vez, e agora xa teñen a corrente collida do alumeado público», aunque matiza que en lo referido a la convivencia con el resto del vecindario «nunca houbo violencia nin nada parecido».

La Asociación de Veciños Río Sarela explica cómo la gente del barrio ha tenido que responder ante situaciones similares en el pasado. Hace un año, los vecinos de esta zona consiguieron desalojar a una persona que okupaba una casa cerca de la Carballeira de Santa Susana y que se dedicaba a vender marihuana y cocaína en las proximidades del colegio Pío XII:

primera llamada

Policía Nacional. La respuesta habitual, tanto de propietarios como de vecinos, es recurrir a la policía. Sin embargo, pueden encontrarse impedimentos de diferente naturaleza, o en el caso mencionado, por simple tardanza. «La policía nos aseguró que estaban realizando gestiones, porque era un foco de droga localizado que ya tenían pendiente, pero al final se fue alargando», dice la asociación vecinal. 

segunda opción

Avisar a los propietarios. En la mayoría de los casos, las viviendas okupadas están abandonadas y muy deterioradas, sin que siquiera sus dueños se preocupen sobre lo que en ellas pueda estar sucediendo. En la mencionada casa, lo que hizo la asociación de vecinos fue «ponerse en contacto con los propietarios y convencerles de que lo que estaba pasando allí era un grave problema social, de una persona que podía estar vendiendo droga a niños del colegio de al lado». 

Tercer paso

Vía judicial. Al tratarse este de un caso extremo, con estupefacientes de por medio, una vez interpuesta la denuncia de los propietarios, el desalojo fue casi inmediato. De no haber respondido de esa forma, la asociación podría haber denunciado a los dueños por su inacción.

Diez meses desde la llegada de los últimos okupas a San Lourenzo

Otro edificio de la zona que avanza hacia su primer año de okupación es el 1-B de la rúa Cruceiro do Gaio. Desde el pasado noviembre, luce en la galería de dicha vivienda una pancarta de CSOA Aturuxo das Marías, un colectivo okupa que en su momento reivindicó esta acción con el fin de fomentar actividades culturales, especialmente orientadas a los jóvenes. «Se escudan en esa condición de autogestión para ocuparla», comentan los vecinos, que lamentan que una casa «senlleira» como esta, «que tiene unos mil metros cuadrados», acabe siendo utilizada para fines dudosos o se deteriore más de lo que ya está.

En la Asociación de Veciños Río Sarela tienen constancia de la existencia del propietario del inmueble, «pero por algún motivo en el Concello no le están presionando», aseguran. Alrededor de ella hay «casas particulares y varios negocios, como hostales de peregrinos, y mientras la casa se cae a trozos no dejan de dar conciertos a todo trapo a cualquier hora de la noche y de repartir cervezas».

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