Bugallo estrena los encierros en Raxoi

Reúne en cónclave al equipo de gobierno para centrar la acción del curso político


santiago / la voz

No ha sido al estilo fraguiano, como antaño, pero Xosé Sánchez Bugallo ha recuperado los cónclaves puntuales con su equipo para poner en común los asuntos de cada concejalía y marcar objetivos. En esta ocasión ha sido sin salir de la ciudad, incluso del propio pazo de Raxoi, testigo el viernes de una reunión intensa toda la tarde para fijar prioridades de la acción de gobierno y para que cada edil diese cuenta de los asuntos que tiene en cartera y de cómo se encontró los heredados.

Es una forma de que todo el equipo conozca qué se mueve en las demás áreas y de calibrar prioridades en la gestión ordinaria al margen de las que marcarán la acción programática del gobierno. Ese era el objetivo de esos encuentros en sus anteriores mandatos -entonces no del ejecutivo expresamente (era un bipartito), sino del grupo socialista- y lo fue también en este caso, ante el arranque del primer curso político tras su vuelta a la alcaldía.

La sesión fue densa, pero no ha concluido. Le seguirá otro encierro vespertino en Raxoi (los tiempos han cambiado y no están para salidas) el próximo viernes. A nadie se le escapa que entre las prioridades del equipo de Bugallo está la elaboración de un nuevo plan estratégico con la vista puesta más allá del 2030 para que Compostela recupere empuje, un plan que quiere encargar con premura. Pero si el tiempo apremia ahora mismo es para afrontar la organización de la ciudad para el Xacobeo del 2021, ante unas más que mermadas plantillas de la Policía Local y bomberos, y con los servicios de limpieza y transporte pendientes de adjudicar. En su última prórroga, el primero, y con el contrato vencido, el segundo, de ellos dependerá en buena medida la calidad en la recepción a quienes llegarán a Santiago atraídos por la primera cita jubilar desde el 2010. Ambas son licitaciones de las que requieren tiempo, y más cuando la ciudad ha crecido, y sus necesidades, también.

Ahí radican esencialmente las urgencias del curso político que acaba de comenzar, junto con el seguimiento -y exigencia, si fuese el caso- de las infraestructuras pendientes de Madrid. Pero si algo es perentorio ahora mismo para el ejecutivo socialista son los presupuestos. De ellos dependerán en buena medida la reformulación de los actuales contratos de transporte y limpieza y la programación ya de algunas de sus cuestiones estratégicas.

Contactos con la oposición

Con solo 10 concejales, mucho va a tener que aplicarse Bugallo para cuadrar cuentas, ya sea con Compostela Aberta (CA) o con el PP. Precisa del apoyo explícito o la abstención de uno u otro.

La primera ronda de los contactos anunciados con sus portavoces (y con la del BNG) todavía no ha concluido, pero es más que probable que el sostén de sus primeros presupuestos se vea asomar ya con las ordenanzas fiscales. También tendrá que negociarlas, aunque no era inicialmente su intención, más allá de alguna cuestión técnica. Su aprobación ha de ser previa a los presupuestos y Bugallo ya ha advertido que está dispuesto a hablar con todos y a «avanzar o máximo que poida con quen vexa as mellores e maiores posibilidades». Un recado, sin duda a CA, de que no es su única alternativa. Bugallo ya sacó unas ordenanzas fiscales adelante con el PP. Lo hizo con Dositeo Rodríguez, cuando durante meses se le atragantaron las negociaciones con Néstor Rego para repetir la coalición de gobierno, que finalmente renovaron.

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