Borja Rodríguez: «Los caminos alternativos son una trampa y eso es una mala publicidad»

El presidente de la Asociación Galega de Albergues Privados pide más vigilancia sobre la competencia de los pisos turísticos: «A los albergues y a las pensiones nos están matando»


santiago / la voz

El Camino de Santiago es cultura, historia y espiritualidad, pero también turismo y negocio. De ese reclamo viven muchos profesionales; entre ellos, los que regentan albergues privados. Pero no todo es ganancia lo que se les arrienda. Los empresarios del sector, unidos en la Asociación Galega de Albergues Privados, tienen una serie de reivindicaciones propias y otras que les hacen llegar los peregrinos que les gustaría trasladar a la Administración, pero aseguran que nadie les escucha. «Nos sentimos abandonados», dice Borja Rodríguez, presidente de la asociación que pone voz a las reclamaciones del colectivo.

-¿No les reciben?

-El único que nos recibe es Isaías Calvo, del Xacobeo. Intentamos entrevistarnos con Nava Castro y con el conselleiro, Román Rodríguez, y siempre nos dan largas. Nos tienen bastante abandonados, cuando en realidad, nuestras quejas son las quejas de los peregrinos, las que nos hacen llegar ellos.

-¿Cuál es la principal queja de los peregrinos?

-Sobre todo la señalización de los caminos alternativos, que son una trampa que yo no sé cómo los aprobaron. Ponte que vienes por el Camino del Norte y que coges la ruta alternativa, tienes que andar unos quince kilómetros más en un sitio en el que hay un solo bar sin teléfono, sin nada. Se pierden, claro, y si quieren llegar a final de la etapa y tienen las mochilas enviadas, tienen que llamar un taxi. Total, que cuando llegan aquí están enfadados. Por eso digo que los caminos alternativos son una trampa y eso es una mala publicidad. Parece como si alguno tuviese algún interés en tapar el camino original y obligar a la gente a ir por ahí. Y no es que lo digamos nosotros, tienen varias denuncias y no hubo mejoras en la señalización.

-¿Sobreviven a la competencia de otros establecimientos?

-No estamos en contra de que haya pisos turísticos, pero tienen una normativa como nosotros y tendrán que cumplirla. En los albergues tenemos que tener 4,5 metros cuadrados por litera si es de primera categoría y 3,5 en los de segunda. Y lo mismo con el comedor, la lavadora y secadora por cada quince personas, el garaje, los accesos para minusválidos... Y en un piso turístico de 25 metros cuadrados y un baño, sin comedor, puedes meter a 30 personas. Eso es competencia desleal y a los albergues y a las pensiones nos están matando.

-¿Es delgada la línea que diferencia al turista y al peregrino?

-Lo es, sí. Y cada vez, más.

-Denunciaron el uso de los polideportivos como albergues. ¿Surtió efecto?

-Era una lacra en el Camino Francés y nos costó. Pero el Camino Portugués, por ejemplo, que también tiene el problema de los pisos, se encuentra ahora con un seminario en la zona de Tui que tiene a la gente durmiendo en el suelo. Si yo tengo a una persona durmiendo en el suelo me ponen una multa, pero con lo de los polideportivos, cada concello hace lo que le da la gana.

-¿Tienen o no que hacer las camas?

-De palabra nos dicen que no a no ser que lo pidan, pero hace poco llegó una multa, que era también por otras cosas, pero que incluía lo de las camas; estamos indefensos porque no figura por escrito. Lo que pedimos es que cambie la normativa y que el peregrino pueda elegir si quiere sábanas desechables o de tela. Y hay muchas contradicciones, tenemos que cambiar las sábanas cada cuatro días y el peregrino solo se queda una noche. ¿Qué va a hacer, dormir en las sábanas de otro?

«Tendría que haber más inspecciones de sanidad»

El Camino de Santiago no deja de batir récords de peregrinos, pero el sector privado cuestiona los datos oficiales.

-¿Está o no saturado el Camino?

-Los que tienen albergues en el Camino de Fisterra dicen que no se publican lo datos reales, porque como esta ruta no está contabilizada por la Iglesia, no figuran en sus estadísticas muchos peregrinos que siguen hasta Muxía y Fisterra. Esa ruta está creciendo mucho. Y sin embargo, sí incluyen a los que llegan en catamaranes y luego cogen un autobús y sellan la compostela en Santiago. Esos son turiperegrinos, y los cuentan. Este mes de julio fue de lo peor, Arzúa estaba vacío, el albergue oficial no colgó el cartel de lleno... ¿De dónde sacan esas cifras? Están promoviendo que cada vez abran más albergues y luego al año siguiente tienen que cerrar. Agosto, en cambio, es un descontrol. Este año la Semana Santa fue muy buena; empezó a bajar en junio y julio fue desastroso. Ahora agosto está siendo bueno pero la gente se pone nerviosa porque quedan dos meses y el invierno es muy largo.

-¿Hay un exceso de licencias?

-En algunos sitios, sí. En Sarria hay calles atestadas de albergues, pensiones y hoteles, y habría que poner un límite porque eso genera una guerra entre ellos que acaba afectando a la calidad y eso está matando el Camino. Y ese riesgo lo hay también en Arzúa. Tendrían que poner un límite.

-¿Por qué fue malo julio?

-No lo sé, pero lleva años así.

-¿Creen que hay pocas inspecciones que vigilen las irregularidades que denuncian?

-Debería haber más de sanidad. Parece que solo vienen a mirar si te falta un centímetro en una puerta o si tienes una cama de más, y eso no es lo importante. Lo primero, la limpieza. En nuestra asociación tienen que pasar unas inspecciones muy estrictas, pero luego te viene un peregrino con chinches de otro albergue y, o los erradicas de inmediato, o en dos días tienes una plaga.

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