Calle Santiago de Chile: calzada destrozada, cartelería sucia y tapas de registro ruidosas

En casi todos los bajos hay actividades comercial y hostelera, y varios negocios son de reciente apertura


santiago / la voz

En la calle Santiago de Chile no recuerdan la última vez que se realizaron obras en la calzada, y eso que no hay calificativos para definir con precisión el estado del pavimento. «Algún que otro bache taparon», comentó Luis, un vecino de la rúa, al que le preguntamos si recuerda las últimas obras de mejora en la calle. La única ventaja del olvido es que todavía es posible aparcar a ambos lados de la calzada.

El estado general de Santiago de Chile es sencillamente nefasto. Los contenedores están sucios, y del color original de las aceras no queda ni rastro. La cabina de Telefónica situada en la esquina con la rúa República Arxentina hace más función de tablón de anuncios que de servicio telefónico. Lo mismo le ocurre al poste de la parada del autobús, donde las pegatinas impiden ver la información de paradas y líneas de buses. Los anuncios están pegados en todos los rincones de la calle, y los postes de las farolas no se libran de las múltiples ofertas para dar clases, hacer limpieza, cuidar niños o ancianos, y alquilar o compartir pisos.

En los accesos a los garajes públicos y privados, las baldosas están rotas y se mueven peligrosamente al pisar sobre ellas. Pero, si las aceras necesitan un repaso, la calzada precisa bastante más que un mero rebacheo. En los espacios de aparcamiento, el asfalto está desaparecido desde hace años.

Otra de las quejas de los vecinos se centra en el deterioro de las cajas de registro y en la rejilla de ventilación del aparcamiento, próxima a la Praza de Vigo. Están sueltas, y al pasar los coches sobre ellas se producen un ruido molesto, especialmente por la noche. Algunas fueron reparadas en varias ocasiones, pero a los pocos días vuelven a soltarse debido al constante paso de vehículos.

Tampoco aprueba el estado de las macetas colocadas a lo largo de toda la calle supuestamente para mejorar la estética de la zona. En las últimas semanas se colocaron plantas en alguna de ellas, pero todavía hay varias deterioradas por los golpes de los coches y camiones. Ni los árboles se salvan, y eso que a sus pies, hace unos días, crecían hasta nabizas. Una estampa que, si bien puede resultar graciosa, viene a demostrar la falta de atención por parte de los responsables del cuidado de las jardineras.

Lo bueno de esta rúa es su tejido comercial y hostelero, que goza de bastante mejor salud que la propia calle. Casi todos los bajos de los edificios tienen actividad comercial y hostelera. Algunos negocios están abiertos desde hace décadas, y otros son de más reciente apertura. Los locales que se quedan vacíos suelen ser ocupados con cierta rapidez, según comentaba un comerciantes veterano de la calle.

En la rúa están representados prácticamente de todos los sectores comerciales, pero los de hostelería y alimentación son mayoritarios. No en vano, la de Santiago de Chile sigue siendo una de las zonas más estudiantiles del Ensanche. En todos los edificios de la calle hay pisos alquilados a universitarios y últimamente también a turistas.

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