Xulio Fernández Requena: «Aún tengo calcetines para calzar a medio Santiago guardados en casa»

Patricia Calveiro Iglesias
p. Calveiro SANTIAGO / LA VOZ

SANTIAGO

PACO RODRÍGUEZ

El nieto del alma máter de Novedades Carmiña conserva mucha mercancía que vendían en la histórica mercería familiar de As Orfas

22 jul 2019 . Actualizado a las 08:07 h.

Xulio Fernández Requena es más picheleiro que el botafumeiro. El nieto de Carmen Pintos Tarrío, la mujer que dio nombre a la histórica mercería familiar Novedades Carmiña, recuerda a su abuela paterna como una mujer «de carácter duro, pero amable y muy querida por la gente». Cuenta que abrió el negocio en el año 1940, después de la Guerra Civil. Hasta entonces regentaba junto a su marido, Manuel Fernández, un bar en plena plaza de Galicia, pero los planes que tenían se torcieron. El matrimonio cogió así las riendas del local emplazado en el número 12 de la rúa das Orfas, en el que antes se vendían estampitas. «Fue una apuesta distinta, rompiendo un poco con lo que era habitual en los comercios. Por ejemplo, fue el primero de Santiago en tener el cierre del escaparate de cristal en vez de con tablones de madera, y aguantó hasta hace poco», subraya Xulio.

Ayudando a su abuela, comenta, estuvieron dos familiares. Maruxa estuvo hasta 1966 y Marisa, luego, otros 30 años. Fue esta última quien se puso al frente de la mercería que dio nombre al grupo Novedades Carminha cuando falleció, inesperadamente, su alma máter en 1973. Con Marisa trabajó Xulio, que se puso detrás del mostrador del negocio en 1986 y un tiempo después se quedaría él solo. Su mujer, Ana, entró más tarde para echar una mano, aunque desde el 2006 y hasta el cierre de la mercería (este mismo año) fue la responsable.

Junto con Algui (fundada en 1948), eran las dos mercerías históricas de Santiago. Hoy pasea Xulio por la rúa das Orfas con unos tirantes que en su día vendía en Novedades Carmiña y asegura que «esto no tiene nada que ver con lo que era». Él, que fue pupilo de las monjas en esa misma calle y que salía de allí rumbo a la tienda que «era punto de reunión para familiares y amigos», guarda en su memoria una vía mucho más transitada que ahora, «cuando aún no existía el Ensanche».

Infancia en el edificio Castromil

Estaba a pocos metros el edificio Castromil, la primera estación de autobuses de Compostela y punto neurálgico de la ciudad. Parte de su infancia también la pasó allí, entre autocares y chóferes, pues su bisabuelo (Ramón Fernández) fue el propietario de una empresa de carruajes de caballos y formó parte de la tríada de socios que administraron la compañía de transporte con sede en la Praza de Galicia, junto a Evaristo Castromil y Julio Santiago.

Hijo único de una conocida farmacéutica del casco histórico y un médico (fundador de la Sociedad Gallega de Patología Digestiva), Xulio era el ojito derecho de su abuela Carmen, una mujer que conocía por el nombre a todo el vecindario y dispensó hasta armónicas en su mercería. «Tuvimos una colección de llaveros y abanicos inmensa. Había peines, mantillas, mantones... Sin llegar a ser un Docobo, que tenía de todo, ofrecíamos mucha variedad de género. Incluso se forraban botones». Cuando tocó vaciar la tienda, la mercancía fue a parar a Tarrío (Ames), donde se afincó con su familia hace un par de años. «Aún tengo calcetines guardados en casa para calzar a medio Santiago», dice con una gran sonrisa.

De los 20 años que pasó de cara al público en Novedades Carmiña, el santiagués tiene infinidad de anécdotas: «Aquí venían a comprar la ropa interior los marineros antes de embarcarse y pasar meses en alta mar. Marisa trajo en una ocasión unos calzoncillos horrorosos, de color marrón clarito. Y acabaron triunfando, porque eran más sufridos». Por la tienda, afirma, pasaron también figuras conocidas, «desde un jefazo soviético hasta el arquitecto Norman Foster y su mujer, o el rey de la canción del verano Georgie Dann, que todos los años cuando actuaba en la TVG venía a por medias, creo que para su bailarina principal».