santiago / la voz

La constitución de la undécima corporación municipal de la democracia compostelana fue de libro. Nadie se saltó el guion, los votos fueron los que se esperaban, la institucionalidad y la concordia marcaron la jornada, Xosé Sánchez Bugallo recibió el bastón de mando de manos de Martiño Noriega, el nuevo alcalde se emocionó y Santiago tendrá un gobierno en minoría que el ya cinco veces regidor compostelano reconoció que iba a ser «complexo». La originalidad, en todo caso, estuvo en el discurso de investidura del primer edil. Porque Bugallo es perro viejo y supo hacer virtud de las dificultades de encarar un gobierno sin el apoyo mayoritario de la corporación. Por el momento, que hasta en eso midió las palabras el regidor, que se mostró dispuesto a afrontar esa tarea en minoría «cando menos inicialmente». Luego, el tiempo dirá.

Luego vendrán las discrepancias, pero en el registro de la sesión que quedará para la posteridad en los archivos compostelanos figurará la mano tendida de Bugallo a todos los demás ediles para, entre todos, afrontar los retos que le esperan a Compostela. Así, apeló a la responsabilidad compartida, «gústame dicir á corresponsabilidade, á que cadaquén, dende a posición que lle deron os cidadáns, se sinta parte desta tarefa conxunta e compartida de construír Compostela», teniendo en cuenta que «é moito máis o que nos une que o que nos separa; ou, se me permiten dicilo doutro xeito, únenos Santiago».

Y por si a alguno no le quedaron claras cuáles eran esas responsabilidades, Bugallo enumeró los asuntos pendientes por los que esperan los ciudadanos. Empleo para los jóvenes, las potencialidades de la Universidade, la industria, el comercio, el turismo, la movilidad, la estación intermodal, las infraestructuras, la depuradora, la modernización de la administración local, el pacto por el rural, el Consorcio, y, en fin, «a recuperación da posición institucional de Santiago como cidade singular dentro de Galicia e de España», objetivos comunes que hacen necesaria «unha política de entendemento e colaboración institucional». Dispuesto a hablar con unos y otros para llegar a acuerdos, colocó como primer deber de su mandato la planificación del Xacobeo 2021, una oportunidad ineludible en la que la nueva corporación deberá trabajar para que la ciudad sea «referente» en Galicia y en España.

Los concejales de su grupo y los de la oposición recogieron el guante. Un guante blanco que marcó una sesión institucional y protocolaria en la que, sin embargo, hubo tiempo para las anécdotas. Como cuando Bugallo llamó «presidente» a Pérez Touriño, o como cuando Rafael Peña, exedil de Medio Rural y Obras con el que el regidor departió sobre asuntos que fueron de su competencia, le espetó: «Vou estar contemplativo, pórtate ben», en tanto el regidor le colocaba la medalla. Las nobles alfombras jugaron alguna mala pasada, sobre todo a las concejalas que tropezaron en ellas con sus tacones.

Sánchez Bugallo estrena hoy su mandato de fiesta en O Castiñeiriño. Ya llegará el lunes para la «tarefa conxunta e compartida de construír Compostela».

Más información en la página 6 de la sección A Fondo

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