O Son do Camiño sale del Monte do Gozo

Muchos festivaleros compartieron protagonismo en el casco histórico con peregrinos y turistas, y hubo quien incluso combinó ambas facetas: música y ruta jacobea


sANTIAGO / LA VOZ

La zona vieja compostelana unió en los últimos días a peregrinos y turistas un nuevo grupo: los festivaleros, fácilmente identificables por sus pulseras multicolor. Porque O Son do Camiño se expande más allá del Monte do Gozo, como ya quedó reflejado en la ocupación hotelera, pero también repercutiendo en otros ámbitos. Muchos de los asistentes aprovecharon la ocasión para saborear gastronomía local y conocer sus principales atractivos turísticos.

Entre las 25.000 personas con abonos para los tres días hubo incluso quien combinó las facetas de peregrino y festivalero. Es el caso de Marina Martínez y Alejandro Fernández, de Madrid, que decidieron apostar por esta doble propuesta para su luna de miel. Llevan desde el miércoles en Santiago tras realizar el Camino desde Avilés en quince etapas. «Teníamos pensado ir hasta Finisterre, pero cuando supimos que había el festival ya lo calculamos para quedarnos aquí», explican, porque acostumbran a ir a una cita de estas características una vez al año. En esta primera visita a Galicia, además de cumplir con la visita a la Catedral como peregrinos, también aprovecharon para probar la gastronomía local. Uno de los regalos de boda fue una comida en el Abastos 2.0.

Gastronomía y festival se mezclan también en la despedida de soltero de César Lanero. Se casa el 31 de agosto y sus compañeros Javier Morales, David Moreno, Carlos Díaz, Iván Moreno, Carlos Tomás y Ángel Tomás decidieron que su encuentro anual -viven en Madrid, Barcelona y Zaragoza pero tienen todos en común que sus raíces familiares en Villel de Mesa (Guadalajara)- era disfrutar en esta ocasión de la música. Un viaje en el que también están aprovechando para probar productos gallegos. Ayer al mediodía les esperaba una mariscada. «Todo lo que ahorramos en camisas -portaban todos unas muy llamativas- lo invertimos en comer», aseguraron entre risas mientras se tomaban un aperitivo en A Raíña.

La Praza do Obradoiro fue punto neurálgico. Allí aprovechaban para sacarse fotos María Guerra, Jesús Nicolás Carcelén, Adrián Argüelle y Diego Alonso llegados desde Oviedo, Madrid, Barcelona y León. Habían estado otras veces en la ciudad, pero querían aprovechar también para hacer turismo. Hoy no perdonarán el pulpo.

Esta presencia masiva de asistentes al festival en la ciudad, no solo ha tenido repercusión en los alojamientos turísticos, sino en otros sectores, como la hostelería. La Raxería San Marcos, por ejemplo, era ayer un no parar. Desde las doce del mediodía hasta las seis de la tarde sirvieron menús constantemente. Fue el día de mayor afluencia. «Non contabamos con tanta xente, houbo moita máis que o ano pasado», explican. Los gustos, muy variados, pero pulpo y raxo no faltaron.

También los taxistas vieron multiplicado su trabajo. En algunos momentos era complicado conseguir un vehículo. «Houbo un aluvión de chamadas e era de esperar porque este ano no festival vendéronse máis entradas», explica Jesús García, presidente de Radio Taxi Compostela. Esta mayor demanda llega, además, en unas fechas en las que repuntan los peregrinos. «Durante os tres días era rara a parada que estivese sen ninguén esperando», añade. Alguno de los que se acercaron al festival en su propio coche se encontraron que le salió más caro de lo previsto en forma de multa por aparcar, como las registradas ayer en San Lázaro.

Más información del festival en la página 46 de la sección de Cultura

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