Richard Ashcroft, la sorpresa del primer día de O Son do Camiño

El eclecticismo y la modernidad son una de las bazas de la segunda edición de la cita musical


Hacia las seis y media de la tarde del jueves se registraba ya un ambiente festivo en el Monte do Gozo y aledaños, generado en gran medida por un público juvenil al que se le notaba claramente las ganas de divertirse. Como muestra, una multitud congregada en el foso del escenario principal brincaba con fruición al ritmo de los acordes de los suecos The Royal Republic, enérgico combo de rock posmoderno en cuyo repertorio tienen cabida tanto el electropop ochentero más comercial («This goes for the ladies», aseguraron) como los riffs thrash-metaleros más típicos de bandas como Metallica, como ellos mismos admitieron.

Y es que el eclecticismo y la modernidad son una de las bazas de la segunda edición de esta cita, que pretende consolidarse como una constante en los dos años que quedan hasta el predecible clímax que supondrá el Xacobeo 2021. Second corroboraron este mismo espíritu de sacralidad indie a la vez que sus incondicionales coreaban al unísono sus estribillos más memorables.

Todavía rondaban las nubes sobre el cielo del norte compostelano cuando surgió la sorpresa: Richard Ashcroft se personó ante el público del escenario grande acompañado únicamente por una preciosa guitarra acústica Gibson, que con la colaboración de un espléndido sonido, no desmereció en ningún momento la carencia de una banda de acompañamiento. El ya oficialmente aclamado outstanding compositor inglés no pasó por alto este hecho en sus comentarios, a la vez que desgranaba los temas más destacables de su carrera. Space and Time, Lucky Man y Music is Power dieron paso al hit Drugs Don't Work, mientras el cielo se iba abriendo como una premonición. El número siguiente, y final, Bitter Sweet Symphony, terminó por romper la presión atmosférica y crear el ambiente perfecto para la voz de Ashcroft, que se quebraba en las últimas estrofas, sintonizando con un sol radiante que quizás le felicitaba por el fin de un litigio que ya había durado demasiado.

Tras ello, asistimos al ceremonial de Graveyard, probablemente una de las más sinceras propuestas de esta jornada, que tuvo su broche con la actuación estelar (y esperada) de Die Antwoord.

Alfonso Espiño, músico e historiador compostelano.

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