El aparcamiento en superficie decrece y faltan medidas que incentiven el bus

Los santiagueses reclaman un mejor transporte público y estacionamiento disuasorio


santiago / la voz

El tráfico y las dificultades para estacionar están entre las principales preocupaciones de los compostelanos. Así lo apuntaba Sondaxe hace unos meses, tras indagar en las inquietudes de la población capitalina. Las cuestiones relacionadas con la movilidad son de las que están siempre en cabeza. Ha sido históricamente. Y ahí se mantienen, aunque en los últimos años la prevalencia en ese binomio tráfico-aparcamiento parece haberse invertido. Mientras la presión circulatoria sobre el centro se ha ido apaciguando con infraestructuras como el periférico, el túnel del Hórreo, el de Conxo y la humanización del Ensanche, el malestar por la falta de aparcamiento en superficie y la carestía de los párkings ha ido en aumento.

Ya fuese para redistribuir usos más en favor del peatón o para peatonalizar directamente (el caso de Carreira do Conde), las reformas humanizadoras del Ensanche y su entorno han eliminado unas 1.500 plazas de aparcamiento en superficie en los últimos 15 años. El cambio para facilitar los desplazamientos a pie ha sido notable. Y continuará. Castrón Douro está en obras y antes o después llegará a las calles del Ensanche todavía ajenas a esas reformas. El nuevo gobierno lleva algunas en su programa.

El debate humanizador apenas genera discordia ciudadana ya, más allá de criterios estéticos. Pero sus consecuencias en la movilidad rodada sí mantiene viva la controversia sobre la merma progresiva de espacio en superficie para el vehículo y la carestía de los párkings subterráneos. Esa persiste desde que se construyeron los del Ensanche con sus primeras reformas. Porque los precios han seguido avanzando y las plazas en superficie, menguando, mientras pasaba un mandato sobre otro sin aportar soluciones más asequibles para el bolsillo del ciudadano, al margen de habilitar algún aparcamiento de borde claramente insuficiente, una opción que insisten en reclamar los compostelanos en el entorno del centro.

En el Ensanche llevan años esperando también un párking de rotación con precios más competitivos. Miran al campus. Como hace el futuro gobierno, aunque esa no será más que una pequeña parte de la solución al problema en el centro. Porque el verdadero reto para la ciudad sigue ahí. Todavía no se ha entrado en la pieza clave: un transporte público con una organización, servicios, horarios y fiabilidad que lo hagan realmente atractivo. Su mejora ha estado en boca de distintos gobiernos como el quid para avanzar en materia de movilidad. De él habría de depender la reducción del tráfico privado y la introducción de métodos de transporte individuales alternativos, como la bicicleta. Pero sigue sin afrontarse.

Con un modelo pivotando en buena medida sobre el eje urbano más saturado (Senra, plaza de Galicia y San Caetano), es la cuarta preocupación de los santiagueses. Con el plan de movilidad anunciado por CA aún sin concluir y el concurso del transporte público sin convocar, será una de las prioridades que tenga que afrontar el equipo de Bugallo. Pero no habrá soluciones inmediatas. El concurso de un servicio como ese es de los que llevan tiempo. Y la renovación del parque de autobuses, más.

Pese a no disponer todavía del anunciado plan de movilidad, CA sí adoptó algunas medidas restrictivas con la circulación rodada, como el cierre de la rúa de San Pedro al tráfico general (solo se permite al transporte público, residentes y servicios), una idea con la que habían coqueteado otros gobiernos; y el de Xoán XXIII sin medidas que contrarrestasen el efecto que el desplazamiento de ese tráfico tendría sobre su entorno, como Salvadas.

«Hai que fomentar o uso do autobús»

«Hai que fomentar máis o transporte público e coller menos o coche», dice esta psicóloga asustada con los precios de un párking como el del Clínico, «cando non vas por ocio, precisamente». Entiende que el del aparcamiento es un problema «mal xestionado» y que también es difícil transformar hábitos en ese frente, pero que hay que tender a medidas peatonalizadoras.

«La ORA está difícil y los párkings, caros»

Aparcar en la ORA es difícil. En la zona de Sar, después del mediodía ya está «negro», dice Carmen. Al final, acabas en el párking, y «son carísimos». Esta santiaguesa lo tiene más fácil en las zonas verdes. Tiene la tarjeta (de pago) válida para todas, aunque la falta de control de quien las usa sin permiso a veces se lo dificulta. Pide «alternativas de aparcamiento en el entorno del centro».

Pide «alternativas en las zonas verdes»

Por su trabajo, Santi Penas no tiene problemas de aparcamiento en el centro. Tampoco en su barrio, pero sí en los que reside su entorno familiar. Las áreas con aparcamiento de residentes (zonas verdes) no le dan opción a aparcar, dice, «se vas comer con teus pais ou un irmá; e creo que quen pague o imposto de circulación aquí debería ter tarxeta para aparcar nesas zonas para esas ocasións».

«La ORA debería seguir como antes»

Graciela Sánchez reconoce que es de las que tienen suerte para aparcar ocasionalmente en el Ensanche, eso sí, después de dar un par de vueltas. Pero se le complica ahora que empezará a trabajar en la zona. Dice que es inviable mover el coche cada 2 horas. Tendrá que buscar alternativas mientras añora la posibilidad de estacionar toda la tarde en la ORA: «Debería ser como antes».

«Aparcar en la calle es imposible»

El tráfico es complejo en horas punta, como en todas partes, dice Rita Gippini, aunque sitúa el principal problema en el aparcamiento: «O te planteas alquilar una plaza de garaje, o aparcar en la calle es imposible. Y no quiero hablar, para la gente que trabaja, tener que mover el coche cada dos horas. Me parece inviable, y terrorífico para el comercio». Hay que mejorar el transporte público, dice.

De la reordenación del sistema de líneas a la prioridad en los cruces

Al nuevo gobierno le tocará estar pendiente de la licitación del orbital y demandar la programación del orbitaliño, infraestructuras que han de comunicar el área industrial con la AP-9 y la autovía de Lugo. Pero en un plano más doméstico, su atención a los problemas de movilidad han de pasar por la renovación del servicio de autobuses. No solo de su equipamiento, avejentado, sino también de la oferta de la red municipal. El gobierno de Xosé Sánchez Bugallo se pondrá con un plan de

movilidad que revisará el funcionamiento de las cuatro principales líneas (concentran el 61 % de los viajeros), estudiando su preferencia en cruces y la creación de carriles exclusivos donde sea posible para mejorar su velocidad. Pero también reordenará el sistema de líneas para cubrir mejor el territorio. Ahí apuntan algunas de las medidas de su programa para gestionar una movilidad cuya calidad dependerá también de nuevos aparcamientos de borde, para rebajar la presión del tráfico sobre el casco urbano, y facilitar el uso de la bici.

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