Escombreras y vertederos ocultan y dañan el patrimonio cultural de Melide

En la carballeira de Os Penedos de Cabanelas, cerca del casco urbano, hay coches abandonados desde hace décadas


melide / la voz

Llevan tanto tiempo abandonados en el lugar que ya forman parte del paisaje; un paisaje tan familiar como desconocido. Es una carballeira a la que se accede atravesando monte; al principal camino de acceso se lo comió la maleza. A unos dos kilómetros del casco urbano de Melide, una especie de cementerio de coches se esconde al abrigo de la arboleda autóctona de los llamados Penedos de Cabanelas, una construcción defensiva del Alto Medievo, de la que se adivina su funcionalidad pasada por el promontorio rocoso que se eleva sobre parapetos y fosos dispuestos en círculos concéntricos.

Son modelos históricos de vehículos que dan cuenta de los años que allí llevan varados, junto con restos de motocicletas, de electrodomésticos y de otros enseres. No hay un vertedero similar en toda la zona. Y tampoco tan desconocido, a pesar de que los turismos pueden llevar allí «o mesmo 30 anos», apunta Xurxo Broz. Él y Cristina Vázquez Neira forman parte del grupo de trabajo que sustenta Abeancos, un catálogo digital del patrimonio cultural de la comarca de Melide. Y en la labor que desempeñan inventariándolo, tienen localizados un significativo número de vertederos y escombreras que lo deterioran. El de Os Penedos de Cabanelas es el más llamativo, pero no es el único detectado en un yacimiento arqueológico.

En el castro de San Román hay una escombrera visible desde la principal pista de esa parroquia de Santiso, y, adentrándose entre la muralla y el parapeto exterior -del que derruyeron un tramo para colocar un cierre de estacas- se acumulan defensas y ruedas de coches, bidones y cajas de plástico, restos de aves, y plásticos de silos y sacos semienterrados que, a juzgar por los insectos que revolotean alrededor, pueden cubrir restos orgánicos.

Basura y escombros también hay en el puente de siglo XIX de O Barreiro -situado en la carretera vieja a Santiago, en Melide-, y en la nevera de A Capela, una estructura honda del siglo XVII que se utilizaba para conservar nieve. Es ahora invisible, como el petroglifo de Villares, que, también en Toques, está cubierto de maleza y de broza.

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