Ángel Cid: «Es difícil que haya una buena obra de arquitectura sin un buen promotor»

El tema de las licencias es «crítico», dice el presidente del colegio en Santiago


Santiago / La Voz

Ángel Cid (Pontevedra, 1964) asume la presidencia de la delegación en Santiago del COAG con dos objetivos: «Trabajar para que los compañeros identifiquen al colegio como una herramienta que les puede resultar útil en su actividad profesional, y ejercer correctamente el papel que nos corresponde en la sociedad».

-¿Cómo está el sector tras estos duros años de crisis?

-Dentro del sector de la construcción ha habido un tsunami y ha quedado bastante arrasado. Los arquitectos somos un agente más, probablemente muy flexible, porque los estudios son relativamente pequeños, y sí es cierto que hay una recuperación desde hace dos o tres años, aunque nada que ver con lo que había. Estamos intentando reinterpretar una nueva situación porque ha habido muchos cambios y eso requiere una readaptación.

-A nivel arquitectónico y urbanístico, ¿ha mejorado Santiago en veinte años?

-No querría trasladar opiniones personales en la portavocía del colectivo, pero sí que podemos coincidir todos en que la ciudad tiene retos pendientes, creo que es un momento importante de la ciudad y hay que abordar algunos problemas que se han quedado quizás cronificados, la plaza de Galicia, el deterioro entre comillas del casco histórico... La situación de esta zona probablemente es estupenda en muchos sentidos y en otros no. Son cuestiones que se relacionan unas con otras y con la movilidad, pero la ciudad debe llegar a un consenso sobre el modelo hacia el que quiere caminar.

-Preservación del patrimonio versus habitabilidad. ¿Cómo lograrlo? Los vecinos del casco histórico se van...

-Lo que está claro es que el casco histórico necesita atención especial y es una pieza clave en esa definición de modelo de ciudad que creo que está pendiente, se nos ha quedado un poco bloqueado el modelo. Estamos actuando sin haber conseguido relatar el modelo como han hecho otras ciudades como Pontevedra. El casco histórico tiene el reto de una responsabilidad patrimonial inmensa, clave en la ciudad, y al mismo tiempo la acogida al visitante y al turista. Pero si al final no tiene la vida que soporta la ciudad estaremos condenados a una cierta esclerosis.

-¿El arquitecto tiene autonomía en sus proyectos?

-Depende de cada caso. El arquitecto desarrolla su actividad en un punto de conflicto entre muchos intereses que interfieren, no tiene la fortuna del compositor o el pintor, que se enfrentan a sus herramientas y a sí mismos. El arquitecto gestiona un equilibrio entre condicionantes, presión normativa, económica, voluntad de excelencia... Pero siempre hay una pieza clave, el promotor. Se habla mucho del arquitecto pero me parece muy difícil que haya una buena obra de arquitectura si detrás no hay un buen promotor.

-¿Y las licencias?

-Ese tema es crítico. En un momento en el que los plazos son tan reducidos y las direcciones de las obras se hacen a tanta velocidad, de repente entrar en un espacio esponjado en el que no sabes ni cuándo vas a empezar ni a terminar significa que algo está fallando. No hablo solo de Santiago, es algo común. Creo que hay que reclamar a las administraciones que asuman el papel que les corresponde y que la casuística se vaya reduciendo. Sea un particular o un negocio, al menos deben saber con qué plazo se van a tener que enfrentar, y después llegar a consensos sobre aquellos que se pueden permitir, un año o año y medio no son razonables.

-¿La crisis hizo perder una generación de arquitectos jóvenes?

-Sigue habiendo gente joven que interviene, presenta obras interesantísimas y obtiene premios. La escuela redujo alumnos pero no tanto como otras porque hay un componente más vocacional que economicista.

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