La veterana del helicóptero sanitario: «No somos dioses caídos del cielo»

Charo García Rúa, médica de la base de Conxo que más años lleva en el servicio de toda España, explica cómo es su día a día


Santiago / la voz

Pocas personas tienen la oportunidad de sobrevolar cada semana los cielos gallegos en un helicóptero. Rosario García Rúa (Santiago, 1957), más conocida como Charo, lo hace por trabajo, aunque rara vez son vuelos placenteros. Esta médica forma parte del equipo del 061 con base en el hospital de Conxo. Lleva 28 años en ella, lo que la convierte en la más veterana de España en el aerotransporte sanitario, un mérito que comparte con otro compañero del grupo, Francisco de Prada. Con la perspectiva que dan casi tres decenios, explica cómo es su día a día.

La santiaguesa va directa al grano, algo lógico si uno lleva media vida respondiendo en casos de vida o muerte. «Somos los grandes desconocidos de la sanidad gallega», dice. En la garita del 061, los compañeros de la ambulancia han salido corriendo. Han dejado los cafés a medio tomar y bollos sobre la mesa.

Antes del helicóptero de emergencias médicas (también tiene turnos en la ambulancia), Charo García ya toreó en otras plazas, como atención primaria o traumatología. Cuenta que el primer grupo se contrató en 1990, cuando solo había otros dos operando en España (en Cataluña y Valencia). Ella entró en el segundo equipo gallego, en abril del año siguiente.

¿Qué hay que tener para trabajar en un helicóptero sanitario? «Básicamente, lo mismo que en una ambulancia. Tienes que conocer bien las emergencias y tener los nervios controlados», indica. ¿Y conocimientos aeronáuticos? «No te los piden, y se echan de menos», asegura la doctora, «aunque con el tiempo se van adquiriendo». Eso sí, hasta que uno se subes a la aeronave, «no puedes saber si tienes miedo a volar en ella o no». Algo, que ella superó.

Más de 1.500 horas de vuelo

Charo recuerda perfectamente ese primer servicio: «Fue en Muros. Fuimos a buscar a un paciente que había convulsionado en la playa. Era una chorrada, pero yo no pasé tanto miedo en mi vida. Me sentí desbordada por la responsabilidad, el helicóptero, el poco espacio que tienes, el ruido que hace...». Ese día pensó en dejarlo y, sin embargo, hoy ha perdido la cuenta de las horas de vuelo que lleva. Dejó de contarlas cuando llegó a las 1.500, hace ya unos cuantos años. De media, las intervenciones duran unos 40 minutos, desde que salen da la base hasta que regresan. El criterio para despegar, destaca, es la proximidad. Si la ambulancia tarda más en llegar, sale el helicóptero en sucesos graves, pero tampoco tienen que ser accidentes mortales.

Otra idea errónea extendida, continúa la santiaguesa, «es que la gente cree que se les va a cobrar por desplazar el helicóptero. Y, en realidad, cuesta lo mismo salga o no. Se paga por año y es más rentable que lo haga». Comenta el caso de una mujer mayor con un dedo amputado que repetía angustiada: «Non vale o meu dedo o que me ides cobrar!».

Como en otros servicios de urgencias, Charo García reconoce que alguna vez tuvo que lidiar con familiares que, dejándose llevar por los nervios y con un ser querido malherido, llegan a ser agresivos. Pero «es algo excepcional». Ella se queda con el agradecimiento de los pacientes: «Solo por eso, merece la pena todo esto».

«Hace unos años no tenías nada y ahora te viene una persona, perfectamente formada y que sabe cómo responder en ese momento, hasta la puerta de tu casa o vehículo. El helicóptero, además, es muy útil para zonas poco accesibles o en aldeas alejadas. Para ellos, somos como dioses caídos del cielo, pero no, somos personas de carne y hueso que saben cómo responder y si hace falta llegamos a dentro de la cuadra». Sin embargo, no siempre hay un final feliz. Las situaciones que viven «son dramáticas y tenemos que aprender a no llevarnos eso a casa». No siempre es fácil, más cuando hay niños de por medio. «El servicio que más sueño me robó fue el accidente de Angrois. El helicóptero no pudo despegar y fuimos en una ambulancia», cuenta.

«Somos una referencia para otros equipos»

Cuando Charo García empezó a volar con el 061 su hijo más pequeño tenía un año y nunca pidió un permiso. «Empezamos un equipo tan pequeñito (tres médicos, otros tantos enfermeros, dos pilotos y otro par de copilotos) que nos convertimos en una familia». De hecho, hace solo un mes, con el cambio de empresa, se despedía con pena de personal de vuelo que sirvió junto a ella los últimos 28 años en Santiago.

La médica cuenta cómo empezaron: «Esto fue una idea de Fraga, que fue a Alemania y vio el sistema que había allí. Galicia tenía unas carreteras fatales a finales de los 80 y entonces solo funcionaban las ambulancias por tierra de Cruz Roja y las privadas. Él volvió con la idea de poner tres helicópteros, pero no había dinero. Empezaron dos, uno en Monforte (trasladado luego a Ourense) y otro en Santiago, que siempre estuvo en el Hospital Provincial, porque se construyó con un helipuerto. El tercero aún no ha llegado y, por una cuestión de cobertura geográfica, debería colocarse en Lugo para cerrar el triángulo».

Para esta veterana de la atención médica en helicóptero, también sería necesario que cada centro sanitario contase con, al menos, una explanada acondicionada para el aterrizaje, para facilitar su trabajo, que incluye también el traslado de pacientes. Explica que, además de los cuadros clínicos, deben tener en cuenta otros factores, como que no haya cables en su camino, que nadie se meta debajo del helicóptero, o la temida niebla, «nuestro peor enemigo».

Apasionada de su trabajo, hace un tiempo Charo decidió ponerlo en valor con una cuenta no oficial de Twitter, en la que informa de las salidas que ella y sus compañeros hacen. «Somos una referencia para otros equipos», dice con orgullo la santiaguesa, que pertenece a la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias, además de a otros grupos de atención en helicóptero (HEMS) que intercambian experiencias.

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