De Venezuela a Londres, las historias compartidas de la emigración gallega

Alumnos de la ESO y mayores emigrados intercambian experiencias dentro de este programa de Afundación


Santiago

José Ares se fue a Venezuela en 1956, en donde trabajó como tapicero. María Currais se casó con un joven gallego que vivía en Caracas y allí se pasó treinta años. Nilo Carballude se marchó a Bilbao, y Teresa Blanco tuvo que dejar a sus dos niños pequeños con su suegra para irse a trabajar a Londres junto a su marido en 1963. Son cuatro historias de emigración que escucharon los alumnos de tercero de la ESO del instituto Xelmírez I, en el marco del programa intergeneracional de Afundación, Fálame da emigración.

Pero este miércoles, en el segundo encuentro del curso que mantuvieron los estudiantes y los mayores voluntarios del Espazo +60, les tocó el turno a los jóvenes. Una treintena de adolescentes contaron sus propias historias de la emigración. Como la de la bisabuela de Ainhoa, que bien podría servir de argumento para una novela. Su bisabuela se fue a Buenos Aires y con 17 años empezó a trabajar en casa de un médico. Allí se enamoró del hijo del facultativo, que comenzaba la carrera de Medicina. Una carta de su madre enferma la hizo regresar a Galicia, con la promesa de seguir comunicándose con su enamorado. Pero por más que la joven envió misivas nunca recibió respuesta. Al final acabó por quedarse y formar una familia en la comunidad gallega. Cuando su madre murió, encontró todas las cartas de aquel amor de Argentina, que había escondido su progenitora.

Este programa de Afundación, la obra social de Abanca, quiere fomentar la participación de los mayores en la sociedad, y aprovechar su talento y experiencia vital a través de este tipo de actividades intergeneracionales. Cecilia Novas, docente del instituto, recuerda que además de estas charlas, los menores hacen un trabajo de investigación sobre la emigración. Historias recientes y no tan recientes, de jóvenes y no tan jóvenes, como la de José María Taboada, abuelo de Martín, que emigró con 60 años a Panamá. Después, voluntarios y estudiantes hicieron grupos de discusión sobre las causas y motivaciones de la emigración, en un programa que hasta cuenta con su propia página web.

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