Más de un centenar de coletas en solo seis meses para enfermos de cáncer

El envío a Mechones Solidarios salió de una peluquería de Santiago, ciudad que donó 15 kilos de pelo el año pasado


Santiago / la voz

La batalla contra el cáncer no es solo se libra en el organismo. En muchos casos la pelea psicológica, mantener el ánimo frente a una enfermedad como esta, es tan dura como la anterior. Un cambio físico, como la pérdida de pelo, puede llegar a ser traumático para muchos enfermos oncológicos y el coste de una peluca no es barato. Solo la fabricación ronda los 300 euros. Sin embargo, siempre hay gente dispuesta a ayudar. Personas que voluntariamente dicen adiós a sus melenas para devolver con ellas la sonrisa a algún desconocido. Un grupo de altruistas que abunda en Santiago, ciudad que donó el 2018 en las peluquerías adscritas a la campaña Mechones Solidarios 15,22 kilos de cabello y, en lo que va de año, otros 6,1. En total, se calcula que fueron más de 300 coletas de distintos tamaños.

Uno de los envíos más importantes de este año salió de una peluquería del Ensanche, On Hair Estilistas. La propietaria del negocio, Verónica Rodríguez García, cuenta que empezó como centro colaborador de Mechones Solidarios nada más abrir, en diciembre del 2015, «porque, quien más y quien menos, siempre tiene algún conocido afectado. Es una plaga». Ella pone las tijeras y sus clientas las melenas que, en algún caso, dejaron crecer expresamente hasta los 30 centímetros (desde la nuca) para poder donarlas. «Cada vez la gente está más volcada», señala. Tanto es así que en febrero su peluquería aportó más de cien de coletas, reunidas en cuestión de seis meses.

Y la actividad continúa. Sin ir más lejos, esta semana, cortó otro par de melenas solidarias. «Para mí, es súper satisfactorio poder ayudar de esta forma», añade Verónica Rodríguez, quien comenta que también colaboran muchas niñas. Hace un par de semanas fue a su negocio a donar pelo para enfermos oncológicos una chiquilla de 7 años. «La más pequeña que vino tenía 3», destaca la peluquera.

Para su compañera de facultad

«A la mayoría de las personas que donan sus coletas le tocaron casos cercanos», explica la responsable de On Hair Estilistas. Recuerda el de tres estudiantes de la USC que se pusieron en sus manos. Sus melenas no fueron para cualquier enfermo oncológico, sino para una compañera de su facultad (la de Medicina) a tratamiento. «Tienes, como ellas, la posibilidad de elegir a quién irá a parar la peluca hecha con tu pelo», apunta la peluquera.

Otro de los centros que despunta en Santiago por el número de donaciones recaudadas es El Tocador de Patri, que el año pasado hizo llegar 8 kilos de cabello a Mechones Solidarios. Patricia Vilas, como la anterior, empezó a colaborar al poco tiempo de poner en marcha su negocio en San Lázaro, hace cuatro años y medio, «para aprovechar una causa solidaria». Y también en su caso se encontró con la respuesta del público. «Mucha gente viene porque tiene algún enfermo en la familia. Y hay especial actividad en verano, aprovechando que viene el calor», indica. Ella, aunque no tiene la obligación de hacerlo, también recoge coletas que la gente se corta por su cuenta en casa y se encontró, igualmente, con hasta cuatro chicas que invirtieron sus coletas para hacer una peluca para una amiga.

Una donante: «As perrucas son carísimas e é un xesto que a min non me supón moito»

Las hermanas Ainhoa y Nerea Martínez forman parte de ese grupo de personas de la comarca que en un momento dado decidieron deshacerse de sus melenas pensando en que a alguien le podrían servir. La mayor de las santiaguesas afincadas en Oroso (Sigüeiro), Ainhoa, se estrenó este año: «Hai un mes que cortei o pelo. Doei dúas trenciñas de 30 centímetros (mínimo que se exige en adultos desde enero del 2018)». ¿Cuál fue el motor en su caso? «Estou bastante concienciada, porque son enfermeira e levo bastante tempo en contacto coa área de oncoloxía, tanto no ámbito infantil como cos adultos», señala. Aunque tenía una buena melena, le faltaban todavía un poco para alcanzar el largo mínimo y la dejó crecer adrede para poder donarlo. «É un graíño de area, algo moi simple para nós, que pode significar moito para unha persoa con cancro. As perrucas son carísimas, custan entre 300 e 400 euros, é algo que sei polos propios pacientes. Perder o pelo é algo moi traumático, un cambio de imaxe súper radical. E cortar o pelo é un xesto que a min non me supón moito», continúa la joven de 24 años.

Su hermana, con un año menos, ya es repetidora. Su primera vez fue en febrero del 2017 y este verano volvió a hacerlo: «Siempre quise donar. A las agujas le tengo miedo, pero a las tijeras no. Fue la forma de quitarme esa espinita. Además, hay mucha gente que dona sangre, pero hace dos años poca donaba pelo. Y, si estuviese en su situación, me encantaría que alguien hiciese eso por mí».

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