Chequeo al Camino Inglés: Mucho asfalto, bosques de ensueño y más portugueses que italianos

La entrada a Santiago, como todas las de los caminos jacobeos, deja mucho que desear


santiago / la voz

Cada día más. O al menos cada año. Porque el Camino Inglés ha visto cómo en el 2017 el número de peregrinos se incrementaba en un 16,6 % con relación al 2016, y en el 2018 un 25 % comparando con el año anterior. También el pasado fue el primero en el que esos peregrinos pusieron un pie delante del otro por el nuevo itinerario. Y una queja común: «Ahora hay más asfalto».

El Camino Inglés es bicéfalo: arranca de A Coruña y Ferrol, y ambos ramales se unen en As Travesas (Carral), muy poco antes de Bruma, que ya es Mesía. Y ahí abre sus puertas el por ahora último albergue público. En el único bar de la minúscula aldea, Juan, un madrileño que se quedó en paro meses atrás, confirma la queja general, mientras otros asienten: «Mucho asfalto».

Salir de Bruma y entrar en el municipio de Ordes es enfrentarse a cinco kilómetros y medio de asfalto por una pista ancha que deja a su izquierda la iglesia de Ardemil, que con su cruceiro es el único pero imprescindible elemento histórico en ese tramo. Los setecientos metros de bosque pisando tierra se agradecen pero se terminan pronto, ante Buscás. Y ahí se alza no solo una casa de turismo rural sino una segunda iglesia con una policromada imagen del santo, que se ha convertido en un «photocall». Por cierto que los peregrinos se pierden la notable fachada con elementos románicos de este templo: queda al otro lado y, por lo tanto, oculta.

A las dos horas de haber arrancado del albergue, la sonrisa o el suspiro o ambas son habituales en los caminantes: después de pasar la aldea de Vilariño un marco invita a girar a la izquierda por tierra. Eso sigue siendo Ordes y, aunque cada vez sus famosas carballeiras aparecen más reducidas, el bosquete inicial, cruzando un río, se agradece.

Ese excelente tramo conduce a la casa de turismo rural Antón Veiras. Su propietario, José Manuel, se muestra optimista porque «é a partires de agora, abril e maio, cando empezan a vir os estranxeiros». Dentro de unos meses quienes entren en ese establecimiento ciertamente muy acogedor se encontrarán a tiro de piedra de un nuevo albergue de la Xunta, en la antigua rectoral de Poulo.

Igual que José Manuel, Carolina, al frente del icónico bar O Cruceiro, en A Rúa, ve desfilar los miles de peregrinos que siguen anualmente este Camino. La mujer tiene la ventaja de que habla inglés a la perfección y, además, de que sus tortillas y el queso local gozan de buena fama en las redes sociales. «Este ano vai a cousa como o ano pasado, pero o que si hai é moitos portugueses, máis que italianos», afirma. Y es que los italianos sumaron legión en el verano del 2018.

Un tramo precioso

Al lugar de Carrás se llega por un tramo precioso, y los 400 metros que siguen son, con mucha probabilidad, medievales auténticos. Y de matrícula de honor. Y muy poco más adelante, tras cruzar la autopista por un túnel, el Camino gira a la derecha y ya no va por la larga recta (cinco kilómetros) que figura en todos los diarios de peregrinos de los decenios pasados. Ahora enfila hacia la Fonte da Santiña, citada por el padre Sarmiento, y discurre paralelo a la AP-9. A la izquierda va a dejar dos castros sin excavar. Ningún cartel indica que el peregrino para ante dos yacimientos prehistóricos, pero al comentarlo nadie parece tener interés en detenerse y saber algo más. Son ya muchos kilómetros en las piernas y Sigüeiro está cerca.

Y la entrada a Sigüeiro es harina de otro costal: un tramo por asfalto en una pista estrecha y sin visibilidad, y después una recta sin sombra alguna, algo irrelevante estos días con temperaturas moderadas pero importante cuando a pleno sol estival el peregrino lleva más de veinte kilómetros desde Bruma. La idea del alcalde, Manuel Mirás, es construir una senda en paralelo, y se está buscando no solo financiación sino también se discute si es posible levantar un muro vegetal que tape los edificios del polígono industrial. Por su parte, el concejal responsable de Turismo, Antonio Leira, aseguró que «en ese tramo estreito de curvas volveremos a cortar a vexetación cando chegue o verán».

Sigüeiro carece de albergue público, a pesar de que el Parlamento gallego aprobó en su día dotarlo de uno. Batallaron por él durante años, pero ahora parecen haber quedado atrás peticiones y protestas verbales. Y es que en la capital de Oroso han abierto sus puertas cuatro establecimientos donde pernoctar, y otro más a un kilómetro.

La última etapa, polémica

La última etapa es la más polémica. La Dirección Xeral de Patrimonio cambió por completo el trazado durante seis kilómetros y eso ha sentado muy mal, para empezar, al párroco de la iglesia de Barciela, que queda ahora fuera del Camino. «Este é o Camiño Vello a Santiago, o que vai a carón da igrexa, que así se chamaba cando o tempo dos meus avós», recuerda una vecina. En todo caso, el templo es de 1917.

El Camino Inglés, en efecto, no va por ahí, ni por la Fonte dos Ingleses, sino por pistas nuevas, estrechas y asfaltadas. La magia no vuelve hasta A Sionlla, donde se mete por un tramo ancho de tierra que bordea, sin verlo, otro castro. Y el peregrino halla la paz en el Bosque Encantado, ignorante de que a partir de ahí le espera un tramo simplemente maravilloso.

La entrada a Santiago, como todas las entradas a Compostela de los caminos jacobeos, deja mucho que desear. Procede cruzar el polígono del Tambre, que nadie incluiría en el catálogo de las maravillas locales. Pero la Xunta ya ha tomado cartas en el asunto y está aprobado un proyecto para su inmediata humanización. Bien está lo que bien acaba.

Señalización impecable

En octubre de 1987 se estrenó la nueva traza del Camino Inglés, por decisión de la Dirección Xeral de Patrimonio. Ese mismo mes la señalización quedaba terminada, y calificarla de excelente no resulta exageración alguna (excepto el largo tramo urbano de A Coruña). Numerosos mojones nuevos -curioso: entre As Travesas y Santiago dejaron uno y solo uno de los antiguos sin lavar ni tocar- con su indicador kilométrico y otros que vivieron un lifting impiden la pérdida. Año y medio después, todos, y por lo tanto incluidos los de Mesía, Ordes, Oroso y Santiago, están en perfectas condiciones.

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