La falta de protección pone en riesgo una decena de cruceiros en la comarca de Melide

Las estructuras, en intersecciones de caminos, sufrieron daños o caídas por impacto de vehículos


melide / la voz

El relato vecinal de lo que ocurrió con el cruceiro de Serantes, en Santiso, explica perfectamente la situación a la que se exponen la estructuras que, como es el caso, se encuentran en una intersección de caminos. De la pieza original únicamente se conserva el capitel. La cruz y el fuste tuvo que reconstruirlos un cantero, años después de que un vehículo impactase contra el pedestal, «que estaba no aire», explica una lugareña. «Antes xa lle deran unhas cantas veces, pero da última non puido salvarse», cuenta la mujer, quien comenta, al hilo, que en el municipio solo quedan un par de ellos «que nunca oín que caeran», ya que «con protección non hai ningún practicamente», indica. Y lamenta: «co pouco que lles custaba protexelos».

Las palabras de esta vecina de Santiso exponen la vulnerabilidad de los cruceiros que, con el tiempo, adquirieron la función de rotonda, regulando el tráfico rodado entre caminos y pistas secundarias de ajustadas dimensiones que dificultan las maniobras de vehículos de considerable tamaño, poniendo en peligro las antiguas estructuras pétreas. En la comarca de Melide se localizan una decena de cruceiros, datados en los tres últimos siglos, en esa situación. Los de Vilamor, Vilouriz y San Martiño, en Toques; los de O Leboreiro, O Meire, Zas de Rei y Gondollín, en el municipio melidense; y, amén, del cruceiro de Serantes, los de Liñares y Visantoña, en Santiso.

«O que máis e o que menos xa levou o seu apuro», apuntan los arqueólogos Xurxo Broz y Cristina Vázquez Neira para señalar, entre otros, el cruceiro de O Leboreiro, la parroquia melidense que recibe al peregrino en su entrada a la provincia coruñesa. La estructura sostiene el fuste con grapas y perdió el pedestal y el pousadoiro originales. Broz y Neira realizan el recuento de cruceiros en peligro de sufrir daños o una caída accidentales desde el museo etnográfico de la comarca, que, en su día, se hizo eco de los destrozos ocasionados, y pendientes de reparar, en la pieza de Visantoña. Plantean como «mellor solución» la instalación de un vallado perimetral estable, que es, precisamente, por lo que aguardan los vecinos de esa parroquia de Santiso desde que el pasado octubre un camión que transportaba un tractor hizo trizas parte de la escalinata original. «Noutras ocasión arranxámolo os propios veciños, pero esta vez é obra maior», cuenta Daniel Roibás. Es el sacristán de la parroquia y se hace eco del interés vecinal en que se repare, y también del enfado por el retraso de Patrimonio en restaurarlo.

En el museo de Melide esperan que la solución de Patrimonio para el cruceiro de Visantoña sirva de ejemplo para el resto y se materialice así en una protección que aísle las piezas del peligro al que se exponen. Lo testimonia un melidense de Gondollín, una de las pocas parroquias con valla de protección, aunque insuficiente, en su cruceiro. Los camiones y la maquinaria agrícola «aquí non dan xirado». Y es la pista que tienen para salir de la parroquia.

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