El patrimonio


Cada cierto tiempo, aparecen los vándalos de madrugada, como una jauría de lobos que se aproxima a un corral, y dañan las esculturas de las hermanas Fandiño Ricart, las Marías. Sucedió la semana pasada. La palma de la mano de Maruxa apareció con una macha roja, como si hubiera brotado la sangre, como si alguien quisiera recordarnos todo el sufrimiento que padecieron esas dos mujeres, dos heroínas que sobrevivieron a la implacable represión franquista y a las que el reconocimiento les vino tarde, como suele suceder casi siempre con quienes abanderaron las grandes causas en silencio y padeciendo el horror y el sufrimiento.

Desde que se inauguraran las esculturas en la Alameda, en 1994, han sido numerosos los episodios de pinturas y daños en las esculturas de las dos hermanas. No sé qué es lo que quiso decirnos quien puso tinta roja en la mano de Maruxa. Quizá nada. Y puso eso ahí como podía haber dibujado un bigote, o tal vez haya algo de vandalismo poético, si es que tal cosa existe, o de ignorancia, o de ambas cosas a la vez.

El peor momento para la obra escultórica de César Lombera sucedió hace ahora seis años, cuando unos salvajes pintaron de dorado las dos caras de las hermanas Fandiño Ricart. El artista tuvo que dedicar varias jornadas de trabajo para retirar la pintura y devolver el color a las caras de Coralia y Maruxa.

Sería bueno que las nuevas generaciones conociesen bien la historia de estas dos mujeres porque solo desde la memoria y del conocimiento se gana el respeto, y se logra preservar un patrimonio cultural que es de todos.

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