Y Malkovich regresó a Casa Salvador

emilio forján NEGREIRA / LA VOZ

SANTIAGO

CEDIDA

El actor estuvo en el restaurante con su esposa Nicoletta, Marisa Paredes y Chema Prado

26 mar 2019 . Actualizado a las 23:24 h.

El actor estadounidense John Malkovich había quedado prendado de los paisajes naturales del Val de Barcala y la tranquilidad de sus gentes cuando, hace veintidós años, visitó por primera vez Galicia. Fue allá por el año 1997 cuando se alojó en el pazo de A Ponte Maceira, gracias a la amistad de su dueño con Chema Prado, natural de Rábade y padrino de la hija mayor de Malkovich. Prado, que fue programador y director de la Filmoteca Española durante 27 años, invitó al célebre intérprete a visitar Galicia al poco de conocerlo, en el rodaje en Tánger de la adaptación cinematográfica de la novela de Paul Bowles El cielo protector, dirigida por su amigo Bernardo Bertolucci.

Y este pasado domingo John Malkovich y su esposa, Nicoletta Peyran, regresaron a A Ponte Maceira y a comer en el restaurante Casa Salvador, en Seoane (A Baña), un establecimiento con enorme solera entre los buenos comensales por su larga trayectoria y la gran tradición de su bacalao. Lo hicieron en compañía de su buena amiga Marisa Paredes y del propio Chema Prado, a cuyo homenaje y al del fallecido director de cine Bernardo Bertolucci, acudieron Malkovich y Nicoletta, dado que el actor se hallaba en Roma rodando escenas de la serie The new Pope (El joven papa), en la que el actor es el gran fichaje de HBO y Sky.

Salvador y Merchi, los dueños de Casa Salvador, cuentan que lo primero que hizo Malkovich nada más entrar en el restaurante fue ir a ver la huerta y el hórreo. «Cando estivo a primeira vez aquí, no verán de 1997 con Javier Bardem, chamáballes moito a atención ver as galiñas, e acordábase daquela estampa», relata Salvador, que no duda en calificar al actor estadounidense como «unha persoa humildísima, moi entrañable», tanto que no dudó en fotografiarse con la familia Salvador o las hijas de una vecina. «Encántalle a tranquilidade do lugar e da xente», exclama.

En el menú hubo mucho producto autóctono: empanada, croquetas, berberechos de Noia, mejillones y, por supuesto, la especialidad de la casa: un bacalao al horno. También degustaron vinos gallegos, además de los postres de la casa, «con queixo do país e marmelo, e tortas, e despois el mesmo quixo tomar café de pota». Luego prolongó una animada charla con los dueños, a los que Malkovich recuerda. «A miña filla Lucía era moi pequena e sorprendéronlle as fotos de cando era cativa, agora que xa é maior», señala Salvador, a quien el actor prometió que volvería otra vez a visitarles.

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«La vida sigue». Las referencias a la temporalidad salpican el discurso pausado y reflexivo de John Malkovich (Christopher, Illinois, 1953). Pero, lejos de la nostalgia y del lamento, el actor no mira hacia atrás con ira, sino con el asombro irónico desde el que observa el mundo y la humanidad a través de la interpretación, «una especie de exploración de alguien que no soy yo». Por no retroceder, ni tan siquiera había vuelto a ver apenas una vez Pasos de baile, un filme que dirigió en el 2002 y que este sábado día 23 presentó en el CGAI ante los espectadores que guardaron cola para verlo.

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