Marta Estévez, finalista del último premio Azorín de novela: «He venido para quedarme»

Esta vecina de Teo siempre escribió, pero cuando sus hijos empezaron a ser más autosuficientes se marcó un ritmo exigente


Santiago / la voz

Marta Estévez (Vigo, 1972), decidió aparcar su carrera temporalmente cuando nacieron sus dos hijos. Pero nunca aparcó su vocación, la literatura: «Siempre he escrito, pero de manera informal, era la típica niña que gana los concursos de redacciones y a la que le hacen una entrevista en la radio». Mientras sus vástagos eran pequeños, comenzó un blog en el que aprovechaba sus entradas sobre repostería y sus fotografías para dar rienda suelta a sus relatos, «era una manera de sacarme el mono que tenía de escribir», admite.

Pero cuando los niños fueron algo más autosuficientes -tienen siete y nueve años- esta licenciada en Filoloxía Inglesa por la USC decidió marcarse un ritmo y un horario a tiempo completo para aventurarse en la literatura. Con su primera novela acabada, y bajo el seudónimo de Mary K. Clark, envió al premio Azorín de novela El viaje, un título bajo el que se esconde El banquete perfecto, una obra que el jurado resumió en una frase: «Secretos de familia». Entre más de doscientas candidaturas, su primer libro se convirtió en uno de los diez finalistas: «Me quedé alucinada, es verdad que cuando acabas la novela y estás satisfecha empiezas a fantasear, no era tan ilusa como para creer que podía ganar pero sí que pensaba, sería la bomba que fuese una de las finalistas».

El banquete perfecto, que aún no se publicó, cuenta la historia de una familia que se reencuentra en una aldea de Galicia. «En principio puede parecer de corte costumbrista, pero de repente aparece la intriga y no te deja hasta el final», explica Marta. La historia familiar resulta no ser como la creían sus miembros, y los flashbacks que la escritora introduce en el texto van situando y contextualizando al lector en un relato que lo mantiene en vilo hasta el final.

Buscando agente literario

Con la primera recién salida del horno y apenas unos días después de haber sido finalista, Marta ya tiene bastante avanzada su segunda novela: «Yo he venido para quedarme; empecé solo con fe en mí misma y ahora tengo la satisfacción de decir que no solo me gusta a mí», explica. Que conste que tenía claro que aunque el premio Azorín no le hubiese dado este empujón, su camino seguiría en la literatura: «De hecho, ya había empezado mi segunda novela, que está bastante avanzada, y además si quiero asomar la cabeza tengo que hacerlo así, ya que mi objetivo es ver publicada mi obra», insiste Marta.

Autopublicar es sencillo, pero no es la opción por la que se decanta esta escritora. Es fácil pero la promoción y la divulgación se complican. En estos momentos su objetivo es encontrar un agente literario, y aunque debajo del brazo lleva una novela que ha sido reconocida, admite que no es nada fácil. Mientras, su segunda obra sigue a buen ritmo. En este caso ha decidido centrarse más en el thriller: «Es un texto más complejo que el primero y también más negro, pero también está ambientado en Galicia».

De Suecia al Baztán

Y es que, explica Estévez, su mundo literario pasa por historias universales contadas desde lugares conocidos y con idiosincrasias propias, «describir un paisaje muy concreto o ambientar una novela en un sitio pequeño no impide que la obra sea universal y pueda interesarle a todo el mundo». Y pone dos referentes que para ella son dos autoras a tener en cuenta. Dos mujeres que triunfan contando historias y en donde el escenario también es uno de los protagonistas, Dolores Redondo y su valle del Baztán, en Navarra; o Camila Lackberg y su Fjällbacka, una pequeña ciudad de la costa occidental sueca en donde suceden los crímenes que tanto éxito han dado a esta escritora nórdica.

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