Los universitarios suspenden al servicio de autobús

Advierten que no se adapta a sus necesidades, tanto dentro de la propia ciudad como para desplazarse a sus casas


Santiago / la voz

De los 25.000 alumnos matriculados actualmente en la USC, un importante porcentaje sin carné de conducir o coche se ve obligado a recurrir al transporte público para los desplazamientos cotidianos dentro de la ciudad o para ir a sus casas. Pero ¿responde el servicio de autobuses a sus necesidades? Habitualmente, no. Los universitarios advierten de varios casos en los que resultan insuficientes tanto el número de frecuencias como las líneas disponibles, al tiempo que lamentan los altos precios de ciertas conexiones interurbanas, por ejemplo, con la Mariña lucense.

A comienzos de curso, un grupo de alumnos de Xornalismo denunciaba que los días de lluvia no podían ir al campus norte pues la línea 15, que usan habitualmente, va al tope de su capacidad y no puede coger más pasajeros. Sabiendo cuándo surge este problema, reclamaban un refuerzo para esos días puntuales, pero «no se ha hecho nada», confirman.

Profesores y alumnos de Medicina explican que sería necesaria una línea que conectase la facultad con el CHUS, en el que cada día más de 600 alumnos de diferentes cursos realizan su formación práctica. Para algunos, el margen entre los horarios de clase y en el hospital es escaso y resulta complicado llegar a tiempo.

Hacinados desde la estación

Por otra parte, los estudiantes gallegos que vuelven los fines de semana a sus casas, indican que la línea 5 va «llenísima los domingos a última hora, cuando nos juntamos todos en la vuelta, desde la estación de autobuses al Ensanche. Por las tardes y al mediodía va también repleta. Incluso llegó a haber algún problema y hasta el conductor, frustrado, la emprendió alguna vez a gritos. Los viernes para ir hasta la terminal suele ir el bus a tope, aunque no hay tanto problema», cuenta un alumno de Matemáticas procedente de Lugo. Lleva cinco años haciendo uso del servicio urbano e interurbano, ya que, en su caso, el tren tampoco es una solución, porque «la línea entre Santiago y Lugo está casi abandonada».

Como en los casos anteriores, considera que la solución es fácil y pasa por poner un autocar de refuerzo en esos momentos puntuales para evitar hacinamientos.

«Vivo a 17 quilómetros e tiven que mudarme»

Melania Baltasar Otero es de Vedra y explica que las deficiencias en el transporte metropolitano la obligaron a mudarse a Santiago. «Decidín virme a vivir á capital e priorizar os estudos», comenta la joven de 21 años. Estudia cuarto de carrera, en el grado de Educación Primaria. «O primeiro ano estiven en Vedra. Tiña a sorte de que a miña nai traballa en Santiago, e podía ir con ela porque me cadrou un bo horario de mañá. Cando empecei cos horarios mixtos xa non había forma de compaxinalos», relata.

«Tiña a opción de coller un ás sete da mañá e outro cara as tres da tarde para vir a Santiago, e volver ás sete e pico da tarde», indica. «O que fai moita xente é pedir que os acheguen ata A Susana e que o leve o urbano P3 ou tirar de Monbus, ou ben saír dende Lestedo co que vén de Ourense», continúa. «Os problemas cos buses é algo que sempre estivo aí. Agora eu teño carné de conducir, por necesidade», comenta Melania, quien repara en que muestra de las deficiencias es que «vivindo a 17 quilómetros tiven que mudarme a un piso compartido».

Dentro del plan del bus metropolitano se esperan mejoras pedidas por Teo, Ames, Padrón y Vedra que se conocerán oficialmente en este trimestre.

«Es más rentable ir a Ribadeo en Blablacar»

Clara Maseda cursa el doble grado de Xornalismo y Comunicación Audiovisual. Es su segundo año como alumna de la USC. De Ribadeo, explica que «nuestro principal problema es que hay un bus por la mañana y otro por la tarde, y tardan en llegar entre tres horas y media y cuatro dependiendo de si pasan solo por Lugo o también por A Coruña. Es casi el doble que en coche, con el que tardas unas dos horas en llegar». La estudiante de A Mariña asegura que «no merece la pena usar en el servicio regular. Es más rentable ir en Blablacar. Es como vamos todos. Nunca utilizamos el bus porque además de tardar el doble cuesta 18 euros. En algún caso, con gastos son 21, mientras que en un coche compartido son 12 si usamos la aplicación o entre amigos unos 10».

Clara indica que a veces el conductor es un universitario, quien se presta a llevar al resto y, de paso, recorta gastos. La alumna de Ciencias de la Comunicación comparte piso en el centro y repara en que «hay que desplazarse a la estación de autobuses si eres de fuera. En la línea 5 se acumula mucha gente con maletas, tanto a la ida como a la vuelta. El problema es que no tenemos muchas opciones para evitarlo porque las frecuencias son las que son».

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