Mr. Cool: «Desde que empecé con la guitarra no volví a aburrirme en la vida»

Comenzó con una banda juvenil y «de mayor» quiere «currar menos y ganar más»


santiago / la voz

Dice que se ha hecho mayor, que ya no se sale de casa para tocar a cualquier precio y que lo que quiere es «currar menos y ganar más». Así, en una frase, parece que va sobrado o que está de vuelta de todo, pero Ramón Orencio López, Mon, que responde por Mr. Cool como nombre artístico, desprende humildad y una indisimulable pasión por la música, los instrumentos y el teatro. Y lo que sí tiene es un gran respeto por su oficio.

Fue uno de los primeros compostelanos que nació en el Hospital Xeral de Galeras, en 1975, y vivió la infancia y los primeros años de juventud en el Ensanche. No es un dato menor, porque su vecino de dos portales más abajo le metió un gusanillo que aún no se ha sacudido y que ya tiene poca cura. «Fran Pérez fue como un padre musical». Se refiere a Narf, su referente, el artista y compositor compostelano fallecido hace dos años y medio que le abrió caminos desde muy joven. Con 12 años se enganchó con la guitarra, «y desde ese momento no me volví a aburrir en la vida».

Su primer grupo de la adolescencia se llamaba Los Insufribles. «Tuvimos que echar al cantante porque lo hacía fatal, pero era el más guapo del instituto, le encantaba a las chicas y hasta le pedían fotos al acabar los conciertos». Lo cuenta como si aquellos tumultos locos no fuesen con él. Casi tres décadas después, sigue subiéndose al escenario para que la gente que lo escucha y con la que trabaja esté satisfecha, pero no para decir «mírame, estoy aquí». En su casa hubo los inevitables recelos hacia la deriva musical que tomaba la vida de Mon, al que le quedaron un puñado de asignaturas para acabar Empresariales. Pero ya estaba con la cabeza en otras cosas. «Cuando la familia ve que trabajas con gente como Miguel de Lira, Carlos Blanco o Quico Cadaval se relajan. Y cuando no, se ponen tensos otra vez...» (ríe).

En la Sala Nasa

Metió la cabeza en el teatro casi por casualidad. Entró de la mano del teatro universitario y le propusieron colaborar en una obra que solo se representó dos veces en la Sala Nasa. Era una recreación Four rooms y el protagonista, el botones, no daba la talla. Le ofrecieron el papel para salvar las funciones y lo que se le abrió fue un mundo fascinante del que habla con admiración: «Es emocionante ver cómo trabajan los actores, son unas bestias. Es un engranaje muy bonito» que, lamenta, «luego se queda en nada, unas pocas actuaciones y ya está». Ya había tocado con su grupo en la mítica sala de San Lourenzo, pero aquella actuación teatral fue un boleto para entrar como músico de las Ultranoites de Chévere, con los que trabajó durante cinco años: «Se improvisaba, era todo muy rápido y exigente y te pedían cosas de un día para otro, pero aprendí muchísimo». En ese entorno conoció al actor Carlos Blanco, que, reconoce sin pudor, «es el que más dinero me ha hecho ganar» colaborando en sus proyectos.

Ahora va a vivir unas semanas diferentes, centrado en un único proyecto. Se trata de la obra Carpe diem, dirigida por Quico Cadaval, que se estrenará el día 27 en el Teatro Principal, donde hará al menos tres pases. Mon pone la música en directo y tiene garantizadas una docena de fechas por Galicia adelante, algo poco corriente en su vida como Mr. Cool, el músico multiusos que lo mismo toca solo en una fiesta de una empresa que monta un concierto con un formato más amplio y cada vez menos habitual  -ver su web http://mistercool.es/-.

Se divierte, no lo niega, pero garantiza que ha sido más deportista que canalla. Otros colegas, también lo admite, son unos eternos adolescentes, pero él hace muchos años que va en serio. Demasiadas noches conduciendo solo de vuelta a casa.

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