Elisardo Carballeiro: «No Xacobeo do 93 cheguei a vender 1.427 bicicletas nun só ano»

Los 80, dice, eran buenos tiempos para el ciclomotor «porque era a moto do obreiro»


Santiago / la voz

Elisardo Carballeiro nació en A Sionlla, «unha aldeíña que segue sendo unha aldeíña». Compostelano desde la cuna, se crio en el seno de una familia numerosa. Allí, en el pueblo, estudió sus primeros años, y destacó. Porque era muy buen alumno, «o mestre dicíalle ao meu pai moitísimas veces que me debía de estudar». No pudo ser, porque eran siete hermanos y no había recursos suficientes, así que se puso a trabajar joven, muy joven.

Tenía 16 años cuando inició su vida laboral. Fue escayolista hasta los 22, y después trabajó en JL Palacios, en la avenida Rodríguez de Viguri, un establecimiento en el que se vendían motos, bicicletas, recambios para camiones... Fue ahí donde nació su vocación por los vehículos de dos ruedas. La empresa se vendió y le dieron la oportunidad de coger alguna de las marcas, como Derbi. Y ahí comenzó todo. Tenía solo 25 años y abrió su propio negocio, en Basquiños. «Era unha boa época para o ciclomotor porque era a moto do obreiro», dice. De hecho, a la Derbi 3 marchas se la conocía como la Derbi obrera. Estaba la Puch Borrasca, el Vespino, y después llegaron otros modelos más preparados «que xa non eran para os obreiros, senón para a rapazada».

Y es que los ciclomotores se multiplicaron entre los jóvenes compostelanos. ¿Por qué? Porque empezaron a acudir al instituto, y el transporte escolar era escaso, por lo que muchos comenzaron a acudir a las clases en sus propias motos, «atrás duns viñan outros, e os demais querían aínda que non viñeran ao instituto». Elisardo también se dejó llevar por la moda motera. Ha tenido cinco a lo largo de su vida, «tiven desde que empecei nisto, sempre un ciclomotor, aínda que agora teño unha de 125», cuenta mientras la señala. Las todoterreno fueron otra revolución porque con ellas llegaron las competiciones de motocrós «organicei moitas», rememora Elisardo. Eso sí, llegó un momento en el que se negó a arreglarlas, «deixei de reparalas por saúde, porque se ía para a casa e quedaba unha moto cun problema non durmía de noite, son moi preocupado, calquera cousa me abafa».

¿Y las bicis? En el caso de las bicicletas se daba un fenómeno curioso, solo había dos épocas de venta en todo el año. En verano, entre los meses de julio a agosto, y en la campaña de Navidad, «o resto do ano non se vendía unha bici». Pero a partir de los 90 llegaron los modelos de montaña, empezaron a ganarle terreno al ciclomotor y con el Xacobeo 93 y el empeño de los peregrinos en hacer el Camino en este medio de transporte, se desató la fiebre por los velocípedos, «noutras partes había crise, polo que os comerciais chegaban aquí queixándose de que non vendían, pero eu co Xacobeo 93 cheguei a vender 1.427 bicicletas nun ano. Vendías bicis, portavultos, mochilas... Ano coma aquel non volveu», recuerda con nostalgia este compostelano.

Ha echado el candado a Ciclos Carballeiro. No porque el negocio no dé, sino porque la vida de un autónomo es una vida sin vacaciones. Va a cumplir 63 años y ha llegado a la conclusión de que trabajando desde los 16 se merece ya un retiro, «as miñas horas lévoas». Desde las siete de la mañana hasta las doce de la noche en aquellas épocas de enormes ventas en las que había que reparar motos, vender bicis, atender a los comerciales, colocar la mercancía... «débenseme vacacións», admite. El negocio cierra porque no hay recambio. Su hijo es un apasionado de las bicicletas pero como afición. Llegó a ser campeón gallego de mountain bike y aunque ha llegado a la cuarentena «aínda anda todos os días que pode». No es tan bicicletera su nieta, de seis años, «e iso que ten dúas». De momento, prefiere divertirse con las muñecas.

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