Diego Lorca: «Santiago se ha convertido en un territorio fetiche para la compañía»

Llega esta tarde al Teatro Principal para representar la obra con la que está girando la compañía Titzina desde el 2018


Diego Lorca (Cerdanyola del Vallès, 1975) y el vizcaíno Pako Merino se conocieron en 1999 en la Escuela Internacional de Teatro Jacques Lecoq en París. Y dos años más tarde fundaban la compañía Titzina, que llega esta tarde, a las 20.30 horas, al Teatro Principal con la obra La zanja, con la que llevan de gira desde el año pasado. El artista catalán asegura que «Santiago se ha convertido en un territorio fetiche. Estuvimos allí hace 18 años, cuando fundamos la compañía, y siempre hemos recibido una buena acogida».

-¿Cómo compagina dirigir y asumir un papel protagonista?

-Es una forma bastante natural que llevamos practicando desde hace 18 años, desde el origen de Titzina. Es un camino directo entre lo que quieres plasmar como director y entender como actor.

-«La zanja» habla de un encuentro entre el técnico de una multinacional minera y el alcalde de un pueblo de Sudáfrica, ¿qué mensaje hay de fondo?

-En realidad no buscamos un mensaje. Se plantean una serie de circunstancias y depende del publico y sus sensibilidades cómo las entienden. Se presentan dos formas de entender el progreso y la tecnología: desde el punto de vista del que llega y desde el que lo recibe al que teóricamente viene con la gallina de los huevos de oro.

-¿Cuál está siendo la acogida del público?

-Estamos contentos. Conecta con el humor y con los estereotipos más superficiales. Y la otra parte, más de compromiso y opinión, acaba removiendo conciencias. El teatro tiene la magia de plantearte la necesidad de saber más, de seguir escarbando en esa zanja que abrimos.

-Tras sus obras suele haber un trabajo de investigación, ¿cómo abordaron «La zanja»?

-Parte sobre una fase de documentación sobre las crónicas de la época de Pizarro, cuando en 1532 desembarcó en el actual territorio peruano, un encuentro apasionante con la civilización inca, que lo verían como si llegara un extraterrestre. La siguiente fase de documentación es el viaje que hicimos a Cajamarca para hablar con las oenegés y locales. La historia se apoya en el mismo lugar, donde cinco siglos después sigue esa relación entre el pueblo y la gente que llega para explotar el oro. La discusión siempre es el a cambio de cuánto.

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