El 82 % de los vecinos de la provincia están conectados a Internet a diario

En el territorio de A Coruña hay cerca de ocho millones de dispositivos electrónicos


santiago / la voz

Los expertos en Internet de las cosas -los objetos de uso diario conectados a la Red- aseguran que el año que viene habrá siete dispositivos inteligentes por habitante. El año pasado, la media era de cinco. Con ese porcentaje resulta que en la provincia de A Coruña hay en la actualidad en torno a ocho millones de aparatos conectados; una media que se concentra, sobre todo, en las ciudades, donde las administraciones, las universidades y las empresas concentran la mayor parte de las máquinas informatizadas.

Es una consecuencia de una sociedad necesariamente interconectada en la que la población pasa una media de cinco horas al día navegando por Internet. Según datos aportados por la Axencia para a Modernización Tecnolóxica de Galicia (Amtega), el 81,7 % de los habitantes de la provincia de A Coruña utilizaron dispositivos electrónicos en los últimos tres meses, un dato que es prácticamente similar al de personas que en ese tiempo hicieron uso de Internet: un 80 % del total. Es la provincia gallega con mayor porcentaje de uso de las nuevas tecnologías. El organismo que dirige Mar Pereira destaca tres factores que inciden en el uso de los dispositivos electrónicos: el tamaño del hábitat, porque es en los concellos con más de 50.000 habitantes donde el porcentaje de uso asciende al 87 %; la convivencia con niños en edad escolar, ya que en los hogares en los que hay menores de 3 a 16 años, el consumo se incrementa hasta el 97 %; y la edad, puesto que entre las personas de 16 a 24 años, el porcentaje de uso se acerca al cien por cien: es de un 99,1 %, en concreto.

El imparable incremento de las nuevas tecnologías y de los aparatos inteligentes se percibe claramente si se tienen en cuenta algunos datos publicados en los últimos años por el Instituto Galego de Estatística. En la ciudad de Santiago, por ejemplo, el porcentaje de hogares conectados a Internet en el año 2012 era de un 59,9 %, pero en el 2017 la proporción se había incrementado hasta un 85 %. En A Coruña se pasó en ese tiempo del 65,5 % al 84,3 %, y en Ferrol creció del 57,2 % en el 2012 al 70,9 % en el 2017. Hace cinco años había más ordenadores que conexiones a Internet; el número de computadoras en los hogares de las tres principales ciudades ascendía a 116.855 mientras que las conexiones a la Red se quedaban en 108.316. Sin embargo, el bum de los smartphones y de las conexiones wifi provocó que la tendencia se invirtiese, de tal manera que ahora hay más conexiones contratadas en los hogares que dispositivos; el número de ordenadores era en el 2017 de 128.966 en los hogares de las tres ciudades y, en cambio, el número de conexiones a Internet aumentó hasta las 141.943.

Una población enganchada

Cinco dispositivos por persona -un móvil, un ordenador en casa y otro en el trabajo, una tableta y un televisor con wifi, por ejemplo- ofrecen como panorama una población híper conectada en la que vivir al margen de Internet o de las redes implica vivir al margen de la sociedad; de ahí que los expertos hayan puesto nombre a nuevos fenómenos relacionados con la dependencia a las nuevas tecnologías. Como la nomofobia -sensación de ansiedad que invade al usuario cuando no tiene posibilidad de conectarse a la Red- o la opresión digital, conceptos que definen a una sociedad que está cambiando su modo de relacionarse, lo que afecta a las conductas sociales, pero también a los hábitos, a la salud física o mental, al sueño, a las tareas diarias y, en última instancia, a la inteligencia humana.

«No soy partidario de la desconexión digital, pero sí lo soy de la higiene digital»

En sus años de estudio sobre los hábitos de consumo, el investigador de Psicoloxía de la USC ha sido testigo de cómo las nuevas tecnologías invaden las vidas de los usuarios sin que los ciudadanos hayan sabido asimilar algo que, como dice Antonio Rial, «no es una moda pasajera». De hecho, él califica el fenómeno de la socialización de Internet como un hito histórico, pero «la evolución es tan rápida que estamos todavía obnubilados».

Rial Boubeta parte del hecho de que, si Internet ha venido para quedarse, lo mejor es aprender a convivir con ese fenómeno, pero la sociedad todavía no lo ha hecho, no ha ordenado ni pautado ese consumo. Teniendo en cuenta que es «un negocio magnífico para las empresas tecnológicas» y que al consumidor «Internet le gusta», el psicólogo propone una serie de pautas para sacar provecho de la parte buena de Internet, que abrió una ventana al mundo a la mayoría de la población, y evitar sus perjuicios, que todavía están por estudiar pero que ya se detectan, como los trastornos de conducta o las adicciones.

Para evitar lo que se llama opresión digital -presión social que obliga a depender de Internet y a estar siempre conectado- el investigador de la USC recomienda «aprender a vivir con las tecnologías» y aplicar una serie de pautas que sí tenemos en cuenta en otros aspectos de nuestras vidas. «Yo, por ejemplo, no tengo wifi en casa, y no hay móviles en la mesa a la hora de comer o de cenar. Y a partir de las diez de la noche no recibo ningún wasap». No está de acuerdo con los gurús que ahora abogan por abandonar Internet: «No, no soy partidario de la desconexión digital, pero sí de la higiene digital».

«No está diagnosticado como enfermedad aunque sí se reconoce que es un problema»

Juan Lamas ha visto cambiar en los últimos años el perfil de los adictos al juego, que si antes eran, sobre todo, adultos enganchados al bingo, ahora son cada vez personas más jóvenes dependientes de los juegos por Internet. Pero el presidente de la Asociación Gallega de Jugadores de Azar (Agaja) reconoce que cada vez son más las personas que, sin que se pueda considerar que tienen una adicción, son incapaces de vivir sin el móvil y necesitan estar conectados continuamente. «Es lo que se llama nomofobia, esa sensación que tienes cuando sales de casa sin el móvil y tienes que volver porque te genera una angustia». Sin embargo, «no está diagnosticado por los expertos como una enfermedad, aunque sí se reconoce que es un problema». En la última revisión se planteó la inclusión de la adicción a Internet, pero no se hizo, como sí se incluyó, en cambio, el juego patológico, o como está previsto hacer con los videojuegos. Porque «lo que se estudia es la dependencia que se puede tener a la pornografía, al juego o a las compras compulsivas, pero no si se hace a través de Internet, aunque Internet haya sido el medio utilizado».

Pese a ello, Juan Lamas es consciente de que la mayor parte de la población está sobreexpuesta a las nuevas tecnologías sin conocer los efectos que le pueda ocasionar. «Y los hay, como la falta de sueño, los dolores de espalda o problemas en los dedos, la pérdida de habilidades sociales...». Por eso, entendiendo que hoy en día es difícil vivir al margen de esta realidad, echa de menos campañas informativas a la población, en general, para un uso correcto de las nuevas tecnologías, y medidas de protección para los menores.

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