Elegir entre falda y pantalón ya es una opción en los colegios de Santiago

El uniforme sigue usándose en una docena de centros, pero no todos tienen un modelo de corte femenino para ellas


Santiago / La voz

El acuerdo adoptado por el Parlamento gallego que afectará a los uniformes escolares a partir del próximo curso, cuando dejará de ser obligatorio el uso de falda entre las niñas, no ha cogido en paños menores a los colegios de Santiago. En la capital gallega las chicas ya tienen, desde hace tiempo, la opción de llevar pantalón a clase, aunque todavía queda tela por cortar para hablar de una igualdad real, porque en algunos casos la alternativa que se les ofrece es el mismo modelo que sus compañeros, de corte masculino, lo que supone un contratiempo frecuentemente por una cuestión de caderas.

El uniforme escolar sigue usándose en una docena de centros de la ciudad y en la mayoría de ellos la norma se ha ido adaptando a los tiempos de forma natural, sin llegar siquiera a debate en la comunidad escolar, ni a tener que cambiar sobre el papel los reglamentos internos para que ellas pudieran vestir pantalón en lugar de falda, por ejemplo, los días en los que el frío arrecia, cuando van a hacer alguna actividad que les exige cierta movilidad o porque, simplemente, no les apetece ir a pierna descubierta.

«Es un debate superado hace tiempo. Aquí siempre tuvieron la opción de venir en pantalones, aunque la mayoría de las niñas acaba optando por la falda», indican desde Compañía de María. En términos similares contestan en el Junior’s. También en el Santa Apolonia, donde solo llevan uniforme hasta cuarto de ESO y disponen de pantalón unisex, sin embargo «mayoritariamente llevan falda, pero no todas».

Encargos para el próximo curso

El principal problema hasta ahora se daba en aquellos centros en los que, aún dando libertad para escoger, la única alternativa para no llevar falda era ponerse el mismo pantalón que los chicos, de corte masculino. Sucede, por ejemplo en la Milagrosa, que ya ha hablado con los distribuidores de uniformes y para el próximo curso contará con un «pantalón máis axeitado» para ellas.

Al igual que en el caso anterior, en Cluny pueden llevar pantalón sin problema, pero el de niño, si bien cuentan con que para el año haya uno de corte femenino, específicamente para ellas. Lo cierto es que hoy por hoy ya hay alumnas que usan el modelo masculino en este centro, pero hay otras que no lo llevan porque les resulta «incómodo de tiro», dice una madre.

En otros, como Nuestra Señora de los Remedios, donde tienen modelo de corte femenino, solo una minoría lo usa. ¿Por qué siguen llevando falda? Principalmente, por dos motivos. El primero, porque a las niñas les gusta y se ven con ella más favorecidas, culpa en parte de la perversión de los estereotipos de lo femenino, que siguen muy presentes. Y, en segundo lugar, por una cuestión puramente económica, apuntan en varios colegios. Cuando los niños crecen, inevitablemente hay que comprar un pantalón nuevo, a diferencia que en ciertas faldas escolares en las que se pueden ir corriendo los botones hasta que prácticamente ya no dan la vuelta. Un reflejo de ello está en el banco de uniformes que ceden las madres y padres del San Jorge a medida que a sus hijos les van quedando pequeños: «Faldas casi no hay, se aprovechan hasta el límite, sin embargo pantalones sí, especialmente los cortos».

En la práctica, la verdadera preocupación de la gran mayoría de las niñas es el largo de la prenda. En Peleteiro, donde tienen desde hace años vía libre para ponerse pantalón, rige una norma no escrita que impide a las alumnas llevar la falda muy arriba, mostrando más de lo debido. De hecho, son frecuentes las llamadas de atención para que su intento de minifalda vuelva al estado original, por encima de la rodilla.

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