«Faise costa arriba ter que esperar tanto para saber o que vai ser da túa vida»

María sufre fibromialgia y lleva tres años esperando el juicio


A María le cambió la vida hace ocho años. La mujer alegre, activa y vivaz de entonces está hoy atrapada en un diagnóstico complejo, el de una enfermedad aún poco conocida como la fibromialgia, y un sistema lento y «diabólico» -en sus palabras- que por ahora le niega la incapacidad laboral parcial que reclama. Su parte de guerra vital es aún más extenso, porque tiene dos hernias cervicales, problemas en las lumbares y rodillas y secuelas de un parto complicado que casi no la dejan sentarse. «Hai días nos que estou máis ou menos ben, e son os que aproveito para facer as cousas da casa e ir á compra», explica. Tiene que ser así, porque hay otros en los que apenas puede moverse y es incapaz hasta de llevar a su hijo de año y medio a la guardería. «Por iso teño a política de arcón cheo, para que sempre haxa algo que comer cando a dor me paraliza», añade con ironía. Ni su situación física ni las dificultades de ser una familia monoparental le han arrebatado la ironía pese a que los golpes son duros. «O peor xa case que non son os problemas de saúde, son peores as consecuencias psicolóxicas e emocionais que todos estes anos de loita, de incomprensión, de sentirme maltratada están tendo. E, por suposto, faise costa arriba ter que esperar tanto para saber o que vai ser da túa vida», lamenta.

En febrero se cumplirán tres años desde que decidió acudir al juzgado de lo Social de Santiago para reclamar en los tribunales lo que el Instituto Nacional de Seguridad Social le negaba: su incapacidad parcial. María es educadora infantil y ahora es incapaz de poder desempeñar su trabajo. No podría cambiar a un niño, ni sostenerlo en brazos, ni moverse con la rapidez y agilidad que siempre demandan los pequeños. No puede para su desgracia, porque disfrutaba con su trabajo en una escuela infantil de la Xunta y la perspectiva de no poder trabajar en su vida -es joven, no llega a los 40- le espanta.

Ahora mismo está de baja. Lleva enganchando una con otra desde el 2014 y se lamenta del maltrato que siente está recibiendo, tanto por parte de la Seguridad Social como de la propia Xunta. «A min todo este proceso e a incerteza de non saber o que vai pasar está producíndome un grave dano psicolóxico, unha depresión, porque sinto unha gran indefensión, síntome xulgada e que non me cren e, por riba, atrapada nunha espera que xa vai polos tres anos e aínda non se sinalou o xuízo», asegura.

Cuenta que uno de los médicos que le atendió en estos años le dijo con sorpresa que estaba como si la hubiera atropellado un tractor. Sin embargo, en estos años ha visto como han intentado darle el alta médica pese a que ella explicaba que no era capaz de trabajar e incluso han dado pasos para intentar despedirla. «Ata tiven que escoitar cousas como que era mellor que deixara libre a praza porque estaba a ocupar un posto de traballo co paro que hai», recuerda.

Los sinsabores y el estrés que le ha provocado el conflicto y la larga espera por una resolución que no acaba de llegar se le han ido mezclando con las propias vicisitudes cotidianas. «Aparte dos problemas laborais e de saúde é que tamén tes vida. A xente se esquece de que, aparte do proceso cos médicos, a Seguridade Social e o xulgado, mentres che está sucedendo a vida. Van pasando os anos e van pasando todas as cousas que lle pasan a todo o mundo. O que pasa é que eu, ademais, teño todo o problema físico e o problema laboral, que a min é o que máis me carga porque a vivir con dor te acostumas», señala María.

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