Trabajadores y usuarios piden solución al «caos» que viven los centros cívicos

La nueva concesionaria, Ferrovial, ha convocado hoy a los representantes sindicales


santiago / la voz

Al gobierno local se le acumulan las movilizaciones a las puertas de Raxoi. A las que han promovido -en convocatorias semanales independientes- policías y otros trabajadores municipales, se le sumó ayer la de los empleados de la nueva concesionaria de los centros cívicos, Ferrovial. Aunque estos no dependen del Concello, le reclaman soluciones, como responsable de un servicio cuya «precarización», más allá de sus demandas laborales, están afectando a los usuarios.

Así lo proclamaban no solo los trabajadores, sino familiares y usuarios de varios centros que han visto mermadas sus posibilidades de disfrute de las actividades que oferta esta red. «As cousas van moi mal con Ferrovial» y «Concello, responsable», fueron las consignas más coreadas por unas 70 personas en el Obradoiro tras un encuentro con la edila del área, Concha Fernández, y el jefe de gabinete de la alcaldía.

Una reunión de la que sacaron «boas palabras», pero «necesitamos algo máis», según Óscar Otero, representante sindical y quien defiende una auditoría externa para ver si Ferrovial cumple con el servicio, porque «estanse incumprindo os pregos», afirma, mientras la CIG se pregunta en su díptico informativo «que fai unha construtora nun servizo sociocultural?». «Sementar o caos e precarizar as condicións do persoal», se responde esa misma central sindical. Porque las nuevas incorporaciones de personal se hacen con sueldos más bajos de los que tienen los subrogados, precisa Otero.

Esa doble escala salarial es la que les llevó a levantarse de la mesa para negociar un convenio colectivo. Ferrovial los ha llamado de nuevo para hoy. Pero los trabajadores insisten en la igualdad remunerativa como punto de partida, aunque no es esa su única reclamación. Sostienen que se está contratando a personal no cualificado para algunas actividades. Pero también requieren «trato digno e unha organización eficiente do traballo». Desde que empezó Ferrovial «podemos falar duns vinte traballadores que non están prestando servizo, por distintas causas, como despedimentos, pero sobre todo renuncias polo trato recibido da dirección». «Isto é un caos», dice Otero, que repercute en los usuarios.

Así lo atestiguan algunos de los que ayer secundaron la movilización, afectados por la retirada o cambios de clases como informática y ajedrez. «Estamos peor ca nunca», decía Esperanza Cabo, usuaria de clases de informática, a la que le «quitarán» ahora a quien se la impartía: «Están facendo burla da xente». «Esto ha sido un desorden, y hasta nos han quitado las máquinas de vending», añade Félix Portugal, un usuario indignado con los cambios de programación en el servicio. Y Dolores Alende, histórica del movimiento vecinal, también presente, sostiene «que o que funciona non se debe tocar, aínda que veñan outras concesionarias» y que la buena atención a los usuarios depende también de la estabilidad de sus monitores.

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