La solidaridad da nuevas alas a Matías

Donaciones privadas y de empresas financian una terapia intensiva en Guadalajara

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La solidaridad da nuevas alas a Matías Donaciones privadas y de empresas financian una terapia intensiva en Guadalajara

Santiago / la voz

La ayuda no cae en saco roto en el caso de Matías Rey Mourelle. El compostelano de 11 años fue diagnosticado a los 18 meses de una parálisis cerebral, a la que se suman otras afecciones, como una cardiopatía, epilepsia y posiblemente autismo (en proceso de evaluación). Los cuidados que le permiten progresar a nivel físico y cognitivo no siempre son baratos, pero la solidaridad de particulares y empresas, a través de donaciones económicas y de la recogida de tapones, ha dado nuevas alas a Matías. Gracias a ello recibe este mes una terapia intensiva en Guadalajara, donde cuentan con un equipo de especialistas y tratamientos innovadores para conseguir lo que antes parecía imposible se haga realidad. Pequeños grandes pasos, que hacen que la lista de cosas que no podía hacer sea cada vez más corta.

Así lo cuenta su madre, Milagros Mourelle, quien comparte esas pequeñas luchas del día a día con Matías. Reconoce que, tras el caso Nadia, «se desató el pánico» sobre a dónde iban a parar las donaciones. Aunque ellos siempre han compartido las facturas y han preferido dedicar su tiempo a ir en busca de tapones de un lado para otro en vez de pedir efectivo de puerta en puerta, se siente en el compromiso de mostrar a dónde va a parar la buena fe de sus benefactores y que «el dinero y ayuda que nos dan tienen un beneficio en él».

Este es el sexto año que Matías hace un intensivo en el centro de la Fundación Nipace, que desde el año 2004 viene desarrollando procesos de atención integral a jóvenes con parálisis cerebral y trastornos neuromotores. Uno de los primeros retos a superar con él fue que «nació con poquísima musculatura en las piernas porque no caminaba y aumentó casi tres kilos en su primer año». Ahora, alcanza los 1,3 metros y pesa 35 kilos. «Está en su mejor momento», dice satisfecha Milagros, pero todavía le queda mucho por andar.

«Durante este mes, Matías viene tres o cuatro horas al día a una terapia de neurorehabilitación intensiva avanzada específica (NIE) que hacemos en Nipace, complementada con sesiones de hidroterapia o con el robot Lokomat [ayuda a pacientes neurológicos a realizar los movimientos de marcha sobre una cinta rodante y combina ejercicios de locomoción]», explica la directora de la fundación y fisioterapeuta Nora Sanz. «Hacemos una valoración inicial y marcamos un objetivo funcional razonable a conseguir durante este mes. Y no es que lo digamos nosotros, es que hay evidencias científicas de que la NIE mejora el rendimiento», apunta.

«El trabajo es tedioso. Está acostumbrado a hacer estos esfuerzos durante 40 minutos y aquí es el triple de tiempo. Pero cada año nos volvemos con algún beneficio. Cada vez puede estar de pie más tiempo, caminar, girar, pararse... cuando la primera vez que vinimos, en el 2013, tenía la movilidad de un niño de un año», subraya Milagros Mourelle.

Limitaciones en Santiago

«En un mes ha ganado bastante estabilidad porque aquí trabaja para reforzar músculos que no desarrolla. Luego, durante el año, hay que mantenerlo. Pero las posibilidades en Santiago son limitadas a nivel motor. Vamos a Sarela y 30 minutos a la semana tiene una sesión en el agua. A nivel cognitivo sí que avanza más con su pedagoga y su logopeda», añade.

«Estuvimos yendo a una clínica privada de Poio donde tenían el robot que utilizan aquí hasta hace dos años. Eran 100 euros cada vez que íbamos y tuvimos que dejar de hacerlo porque no nos daba para todo. El problema es que nadie te financia nada y pierdes mucho tiempo en los desplazamientos», continúa. «Hacer el tratamiento de un mes en Guadalajara nos sale por unos 4.000 euros y la Fundación Nipace subvenciona el 10 %, pero merece la pena esforzarse y aparcarlo todo cuando ves la evolución», asegura.

Además, Matías también refuerza la socialización, «incluso anima a una niña de 4 años cuando llora». «Con el apoyo de los profesionales de Nipace hemos conseguido que deje los pañales, algo que parece una tontería, pero que ha sido un gran cambio. Y, al tener un solo riñón, hay que cuidar mucho la alimentación, pero cada vez come más y más cosas», celebra Milagros. La autonomía es otro frente a combatir: «Le cuesta manejar los cubiertos para comer y para peinarse, cepillarse los dientes o ducharse necesita ayuda».

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