Pablo Bonigno: «Hay conductas asociales de los perros por las malas prácticas de sus amos»

El entrenador de canes apunta que todos pueden ser amaestrados, «sin olvidar que son lobos domesticados»


SaNtIaGO / LA VOZ

Pablo Bonigno Lestón es entrenador de perros, una actividad en auge debido a la preocupación creciente de los dueños de los canes por garantizar las conductas sociales de sus mascotas y evitarse problemas cuando salen a pasear o cuando comparten espacio con otros animales o personas. Por ahora, Pablo se centra exclusivamente en la modificación de las conductas de los perros para corregir «hábitos que le han sido inculcados al can debido a las malas prácticas de sus amos».

Por su experiencia, «muchas de las conductas asociales de los perros están relacionadas con los malos hábitos que le impusieron sus amos», y es que lo habitual es que «cuando una persona dice que su perro está pegado a la mesa cuando comen, es porque le han acostumbrado a comer la misma comida». Lo mismo ocurre cuando los dueños de una mascota se quejan de que «se sube a la cama, lo más probable es que de cachorro dormía en la cama; y si se pone agresivo con otros perros, suele ser porque no se le acostumbró a salir de paseo».

La costumbre de mantener a un perro atado todo el día, «algo que es frecuente ver en el rural, trae consigo muchos problemas. Cuando el perro se suelta, los amos se quejan de que van a por las gallinas o a por la gente, hay que analizar las causas. El perro sufre un choque entre sus instintos animales y las pautas que le imponemos nosotros; así que, si no le marcamos el camino, está claro lo que se impondrá».

El entrenador considera que «todas las razas y todos los perros pueden ser amaestrados, y solo requieren de constancia por parte del dueño. El animal tiene que saber quién manda, porque los perros se mueven por jerarquías. Por mucho que le quieras, si lo mimas, será mejor que asumas que mandará él». Lo ideal es coger al can cuando es un cachorro, pero «a menos que exista una patología, las malas conductas pueden corregirse. Con más trabajo y más tiempo, pero se consigue». Los estudios vienen a confirmar que «hay razas más proclives para determinados trabajos. Los labradores, por ejemplo, son perfectos para rescate; y los rottweiler para defensa, pero creo que lo ideal es entrenar al animal para garantizar que cumple con la función concreta».

Pese a la creencia generalizada de que determinadas razas son peligrosas, Pablo Bonigno considera que «la agresividad no es innata al perro, a menos que exista una patología, pero es evidente que hay razas con un carácter determinado hacia la presa». Un ejemplo son los perros dedicados a la caza, «son de presa, pero no destrozan la pieza, sino que están entrenados para cogerla y entregarla». Es importante, en su opinión, que el dueño del perro medite para qué quiere un can antes de comprarlo o de adoptarlo, ya que «no es lo mismo tenerlo en un piso o en una casa, y tampoco es lo mismo tenerlo con niños que con adultos. La fundamental es la responsabilidad».

Pablo cree que «en esto del entrenamiento hay también mucho abuso. Hay personas que cobran hasta cincuenta euros la hora por corregir conductas. Me parece ilógico». En cuanto a la formación de los entrenadores, también «habría mucho que decir; además de formación, que debe exigirse, también hay que tener cualidades para entrenar a un perro». Pablo Bonigno está formado en las técnicas de corrección de conductas y en los próximos meses obtendrá la capacitación para entrenar a perros para la detección de drogas y, en unos meses más, para la defensa. «No es lo mismo corregir conductas, que preparar a un perro para que cuide a una persona víctima de maltrato o para ayudar a una persona ciega. Es muy importante ser serio, porque se puede hacer mucho daño con una mala formación».

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