Santiago clausura el año jubilar de san Roque y salda la deuda con su patrón

El arzobispo pide su mediación contra las pestes «materiales y espirituales»


santiago / la voz

San Roque es san Riquiño, uno de los santos más queridos del calendario. Por eso, al margen de si en su día acude a la capilla el gobierno municipal o las autoridades locales, lo que importa es que a san Roque lo venera el pueblo, y así lo hizo ayer a lo largo de todo la jornada y durante las misas que remataron a las siete y media de la tarde con la ceremonia cantada que precedió a la procesión por las calles de Santiago.

Como es habitual desde que Compostela Aberta gobierna la ciudad, ninguno de sus representantes acudió a la renovación del voto de Santiago con san Roque, y como ya es tradición también, sí lo hizo una generosa comitiva del PP -ayer acudieron los ediles Claudio Montiel, Alejandro Sánchez-Brunete y Manuel Martínez- y una más discreta representación del PSOE -la edila y secretaria local de la agrupación socialista, Milagros Castro-. Además, cofrades, sacerdotes, fieles, peregrinos y turistas. Como ya es también habitual el 16 de agosto en Santiago, la capilla se quedó pequeña y los asistentes se apretujaron a la entrada, donde abrían boca las rosquillas.

Pero esta no fue una festividad de San Roque más. Ayer se clausuró el año jubilar otorgado por el papa Francisco con motivo de la celebración del quinto centenario del voto de Santiago a san Roque, que recuerda cuando, en el año 1517, la ciudad se encomendó al santo para que le librara de la peste. Y por eso fue el arzobispo Julián Barrio el que ayer presidió la homilía para reconocer que «lo prometido es deuda» y que en Santiago «todos los años queremos rescatar gozosamente esa deuda».

Quizás el año jubilar haya pasado desapercibido para los que no viven la fe, pero no para los fieles, ni tampoco para los peregrinos que tuvieron un motivo más para acercarse a la ciudad que tiene a Santiago como patrón de España y a san Roque como patrón local. Julián Barrio así lo cree: «¡Cuántas personas a lo largo de este año, estoy convencido de ello, han experimentado que el que consiente la gracia de la conversión y abandona sus pecados renace a una vida nueva por el don del espíritu santo». Son personas, añadió, que «no han sido noticia en la primera página de los periódicos ni en la primera noticia de la televisión, pero estoy seguro de que eso ha sido una realidad a lo largo de este año».

Ante el retablo barroco del arquitecto Simón Rodríguez y la imagen del escultor José Bambino, el arzobispo puso a san Roque como ejemplo de santidad a la que todo el mundo puede aspirar, porque él fue «una persona que fue desgranando su vida en la caridad y en la misericordia imitando a Cristo».

El calor dentro de la capilla contrastaba con la tarde que se ensombrecía fuera, donde incluso llegaron a caer unas gotas cuando la imagen salió en procesión, acompañada de los tambores y cornetas de la banda, de los estandartes de las cofradías, de los fieles y de los turistas que se acercaron a curiosear.

Santiago renovó así sus votos con san Roque y saldó su deuda con el santo. Pero su intermediación sigue, porque como el arzobispo reconoció, hay otras muchas pestes que erradicar hoy en día, tanto materiales como de espíritu.

Barrio destacó a los que «abandonaron sus pecados» este año, aunque «no han sido noticia»

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