El Camino para vencer la discapacidad

La Orden de Malta organiza etapas accesibles para personas en sillas adaptadas

i.c.
santiago / la voz

Cuatro personas en silla de ruedas -Socorro del Cerro, de Toledo; Gonzalo Cánovas, de Málaga; Araceli Martínez, de Madrid; y Juan Domínguez, de Sevilla- terminaron ayer el Camino de Santiago acompañados por veinte voluntarios de la Orden de Malta. Al mediodía entraban emocionados y aplaudiendo en el Obradoiro. Los voluntarios colocaron las sillas adaptadas en fila y frente a la fachada de la Catedral para que todos pudiesen contemplar el monumento.

Gonzalo Cánovas, uno de los protagonistas, contaba su aventura: «Salimos de Villalcázar de Sirga, en Palencia, hace una semana. Hicimos etapas accesibles de 17 kilómetros al día y dormimos en albergues adaptados». Cánovas relataba que su experiencia «fue muy positiva, darnos la oportunidad a cuatro discapacitados de hacer el Camino es algo que en circunstancias normales sería imposible». Aclaró que hubo momentos en los que se desplazaron en coche, como en O Cebreiro. Araceli Martínez, otra de las protagonistas, se emocionó cuando vio la Catedral: «El Camino tiene sus momentos complicados, pero merece la pena por llegar hasta aquí». El grupo hizo 119 kilómetros para conseguir la compostela. El viaje se organizó según tres ejes: primero las encomiendas, poblados ligados históricamente a la Orden de Malta; después, que las etapas fueran accesibles y, por último, que los albergues estuviesen adaptados. Las sillas en las que llegaron tenían solo una rueda, necesitaban de cuatro voluntarios: uno empujaba por delante, otro desde atrás y dos más para turnarse.

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