El joven que incendió su piso: «Oía voces que amenazaban a mi familia»

Se sentó en el sofá tras prenderle fuego y sufrió graves quemaduras en las piernas


santiago / la voz

«Sí, lo reconozco». Así, sin rodeos ni justificaciones, David A. B. admitió ante la sección compostelana de la Audiencia Provincial que el 3 de mayo del 2016 prendió fuego al piso en el que vivía con sus padres en Os Tilos (Teo) provocando graves daños a buena parte del edificio y poniendo en peligro la vida de los vecinos. Lo hizo, pero en esos momentos carecía de la capacidad de entender sus actos porque sufrió una descomposición psiquiátrica aguda de la enfermedad mental que padece. Aquella tarde, oyó voces. Primero le dijeron que se orinara encima, después que comiera comida de perro y que se clavara un cuchillo. «Me decían que no me lo iban a repetir más y las voces amenazaban con hacerle cosas malas a mi familia», explicó.

En ese estado, prendió fuego al sofá del salón y se sentó en él, dejando que ardiera su ropa hasta que el dolor le hizo reaccionar y levantarse. «Intenté romper el cristal del extintor y apagar el fuego, pero no fui capaz», explicó. Fue entonces cuando su padre le encontró en medio de la humareda y envuelto en llamas. «Le daba manotazos, pero no era capaz de apagarle, así que le arranqué el pantalón y salieron jirones de tela y de piel», relató el progenitor.

David ingresó en el hospital con quemaduras en el 20 % de su cuerpo, pero esas heridas no eran las que más le dolían. Lo que verdaderamente le torturaba era pensar que había habido muertos en el incendio. Tanto, que intentó escaparse e incluso se negó a que le operaran.

Ahora David está mucho mejor. Acude cada día al centro de día, va a terapia de grupo, se entrevista con su psiquiatra y toma sin falta su medicación. Incluso estudia comercio exterior e inglés. Quiere olvidar aquella tarde, cuando a las 17 horas su vida sufrió un quiebro del que, sin embargo, ha salido bien a pesar de todo. Como no era responsable de sus actos, la Fiscalía no pide cárcel para él, sino cinco años de internamiento psiquiátrico, aunque el ministerio público ya ha mostrado su disposición a sustituirlo por el tratamiento ambulatorio que ahora recibe. «Sé que tendré que medicarme siempre, pero me siento capaz de afrontar la vida», afirmó.

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