El Asesino, historia viva de Santiago

Maruja Neira fue la última cocinera de la familia que fundó el restaurante en 1873


Santiago / la voz

Ya nada volverá a ser como antes, y aunque su nuevo propietario quiere recuperar el espíritu del Asesino, difícilmente podrá hacerlo. No en vano fue uno de los establecimientos más singulares y emblemáticos de la ciudad, de cuya historia ya forma parte. En algunas publicaciones se dice que fue oficialmente el primer restaurante de Compostela. Su origen está en 1873, en la primera República, cuando Bernardo García Valeiras y Esperanza González Corral, de O Carballiño, llegaron a Santiago y abrieron un local cerca de la vieja estación de Cornes. En poco tiempo adquirieron fama con sus tazas de ribeiro y dieron el salto al casco viejo para abrir un nuevo local. Inicialmente, la idea era la de seguir con los vinos en un bajo de la Praza da Universidade propiedad del marqués de Valladares. Los vinos que servía Bernardo iban adecuadamente acompañados de la comida que preparaba Esperanza y, poco a poco, los estudiantes y profesores universitarios pidieron nuevos manjares a la cocinera. Entre los platos estrella, que se mantuvieron durante años, destacaban el asado de carne de ternera y lomo de cerdo, la innovadora paella, los calamares en su tinta y las almejas a la marinera. Los flanes, queso de tetilla con membrillo y leche frita no faltaban tampoco en el Asesino. En los últimos años, ya con Maruja Neira al frente, se ofrecía una tarta bautizada como Laxeiro. El menú del Asesino no era excesivamente amplio. Jesús Asorey recuerda que no faltaban los guisos y los potajes, pero «lo más demandado eran las carnes». Asorey, como joven estudiante de los años 70, probó la carne preparada por Maruja. «Era una gloria», dice el expresidente de la Cámara de Comercio, quien no era muy asiduo del local porque «yo comía en casa». Del Asesino recuerda que «era sitio peculiar, en el que se comía muy bien». Y de Maruja Neira, que «su fama de mujer de carácter la conocíamos todos». En sus últimos tiempos «podías llegar y decirte que no había comida; o, hay esto, si lo quieres lo comes y si no te apuntaba a la puerta». Asorey era presidente de la Asociación de Hostelería cuando la entidad le concedió su medalla a Maruja. «Nos dijo a Leonardo y a mí que aceptaba por nosotros, porque no le gustaba nada la idea de los homenajes».

Maruja Neira se apuntó al Asesino junto a sus hermanas, pero la primera en asumir las riendas de la cocina fue su hermana Lola. Esperanza González estuvo al frente del restaurante hasta los 95 años y al fallecer se lo dejó en herencia a su sobrina Isaura. Sería la hija de Isaura, Lola, la que siguió con el negocio. Unos años después se sumaron sus hermanas. Maruja Neira fue la última de la saga. Posteriormente, el local estuvo alquilado en dos ocasiones más. Una en el 2006 al hostelero José Fernández.

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