Santiago Futsal


Después de quince años en la élite, el Santiago Futsal empieza a hacerse a la idea de que toca volver a la Segunda División. Evidentemente, no hay nada que festejar. Pero tampoco nada que reprochar. Antes al contrario, el club ha peleado por su suerte de una manera admirable. En la grada, los fieles nunca han fallado. En la cancha, jugadores y cuadro técnico han puesto todo de su parte y un poco más, y siempre han tenido el escudo muy presente. En los despachos, los dirigentes también pelean a brazo partido por asegurar la viabilidad de una entidad que tuvo el acta de defunción a medio firmar, en aquel célebre partido frente al Jaén. El Santiago Futsal está dejando atrás la fase más dura del proceso concursal, con muchísimos problemas y sacrificios. No consigue vivir al día con sus mensualidades, pero nadie ha levantado jamás el pie del acelerador. Porque todos valoran ese escudo y lo que se ha conseguido en estos años: además de codearse con la élite, tejer una estructura de cantera sólida y envidiada. Con todos los problemas, con todas las dificultades y con todas las adversidades que han ido apareciendo por el camino, jamás se escuchó una excusa. Por eso, y a pesar de que el partido del sábado será el del adiós a una etapa gloriosa en lo más alto de la pirámide del fútbol sala, el equipo y el club merecen el reconocimiento por esa lucha. Les ha faltado muy poco para añadir otra gesta. Pero es el sino de los modestos. Cuando toca pelear con uno de los presupuestos más bajos el riesgo de que un curso vengan mal dadas se multiplica.

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