Debatir se debatió, pero el estado del municipio no se sabe cómo quedó

El Concello recuperó el debate sobre política municipal, que no se celebraba desde el 2010


santiago / la voz

Al fin, tras un mutis por el foro de siete años, se recuperó en Raxoi el debate del estado del municipio. Fue Xosé Sánchez Bugallo el último en someter a revisión plenaria la política municipal en el ejercicio del 2010. A partir de ahí se cerró el grifo. Hubo que desoxidarlo para que volviera a funcionar en este mandato. Los grupos aseguran que fue la presión la que movió a Noriega a convocar el pleno. Eso es indicativo de que no hubo presión en la legislatura anterior o le faltó fuelle.

Bien es cierto que Gerardo Conde no era un regidor que sacrificase una tarde con una sesión de estas características, y Ángel Currás malditas ganas tenía de debatir con el látigo de la Justicia flagelando a su grupo. Sería un pleno sadomasoquista predestinado a acabar como el rosario de la aurora o con los rostros chamuscados por la ardiente tensión. Y Agustín Hernández, en menos de un año y con comicios por delante, no abrió tampoco el candado plenario.

Así que le tocó a Martiño Noriega poner en bandeja de hojalata (CA no ve clara la fiesta del debate) el pleno del estado del municipio y un chorro de temas cayó sobre el salón de sesiones. ¿Y qué salió de ahí? «Una sucesión de discursos conocidos», escribió la redactora Rosa Martínez. Es el peligro de estas sesiones: ensartar uno tras otro discursos conocidos: es ir poniendo periódicamente, a lo largo del año, uno en el plato y luego la ristra entera.

Los debates surgen para mirarle la temperatura a los temas de Raxoi. Cada grupo la mide con su termómetro y sus portavoces se encargan de manifestar si es muy alta o muy baja. O inexistente. Son sesiones en las que pueden enumerarse casos de encefalograma plano con argumentos vivos y casos vivos con voz de encefalograma plano. El acento de cada grupo se nota mucho.

El debate siempre es saludable, si no es demasiado prolijo y no aburre a las ovejas. Ni tampoco a las escasas almas en pena que se sientan ante la pantalla para presenciarlo en directo o en el exiguo salón plenario. Si una sesión como esta ofrece una oportunidad de oro para la exhibición dialéctica, de cara a sumar puntos en los comicios, no fue muy aprovechada. No quedaron ecos ni regustos, lo que delata un gris y anodino panorama. No obstante, nadie regatea aplausos al esfuerzo de los ediles para ponerse al día en todas las áreas, no caer en el fuera de juego y expresar sus pareceres e iniciativas.

Uso turístico

Ejemplo de temperatura alta: las viviendas de uso turístico. El turismo no es una lacra, ni la séptima plaga, es una bendición del cielo. La ciudad nació con estrella. Lo que ocurre es que todo lo retributivo y rentable pronto encuentra resquicios fulleros para hacerse aún más rentable si no hay un ojo al menos encima.

Si hubiese dos (Xunta y Concello), se redoblaría la eficacia. El sector legal se evitaría el susto de ver el iceberg asomando (bastante más que la punta) en el estudio encargado por Raxoi sobre los pisos turísticos sin ley. ¿Pero no hablábamos de millón y medio de noches en el 2017? ¿Qué hace ese medio millón oculto destilando jugo desleal? No menor susto causa cualquier anuncio de poner coto o restringir. La gallina de los huevos de oro está tan empachada que es preciso velar por su integridad. Se puede obviar y bailar con castañuelas.

Menos mal que Marta Lois encargó el estudio. De lo contrario, se desconocería lo que están haciendo de forma tramposa muchos vecinos e hijos de vecinos. Lo más urgente es regular este cotarro turístico, porque habrá ciudadanos que se agencien unos euros limpios de polvo y paja con sus viviendas, pero habrá de ser de forma controlada y acorde a la norma. Nueve millones de euros de negocio sin tamiz fiscal constituye un caudal de cuidado, y los hosteleros religiosos en el pago de sus tributos no le encuentran gracia. Por lo demás, los portalones digitales se abren a unos ingresos felices que vuelan allende las fronteras.

Visto lo visto, ¿cómo no se le va a poner vigilancia y vereda al parque de viviendas histórico para prevenir desmadres que ahuyenten la población? La ciudad vieja debe asentarse en el comedimiento y en el equilibrio frente a quienes tiran hacia un lado u otro.

Una moda letal que no debería regresar

 

 

Un paso subterráneo cortado es un excelente lugar para salirse de la civilización y sumergirse en el caos. En uno de estos túneles, situado bajo la avenida Mestre Mateo, y que un día conectará dos importantes centros del campus sur, la estampa de miles de jeringuillas esparcidas por el suelo le ponen la rúbrica a quienes advierten un incremento del consumo de heroína. La imagen de miles de jóvenes pinchándose al alimón en las costas arousanas retorna trágicamente de los infiernos de la memoria para hacerse patente en los subterráneos de Compostela. Y de otras ciudades. Ponerle a la muerte en bandeja más carne ingrávida y agujereada es una negra moda que regresa. Las fotos con las miles de jeringuillas revelan que por ahí hay rumbos fatales que confluyen en el subterráneo de Mestre Mateo como un paso de viacrucis hacia el de Boisaca.

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