«El taceo es cultura de resistencia»

El hostelero italiano Marco Cassano es un gran defensor de las tradiciones de Santiago


santiago / la voz

Marco vino al mundo en Barletta (Bari), frente a los Balcanes. Ya veinteañero, conoció a unos gallegos y se vino para aquí. No le deslumbró el sol, como decía la propaganda, sino que le envolvió la niebla al despertar en Monforte. Se apercibió de que España no era el sur y de que existía una cultura atlántica. Lo que le maravilló al aterrizar a Santiago fue la piedra y los vinos. Nada más llegar, le llevaron de tazas por el Franco y él pensó que era para enseñarle los bares. «Pero era una tradición», dice Marco, que aprendió «¡otro!» como una de sus primeras palabras en español.

«Aquí en los 90 el ambiente en el Franco era grande. Hoy no. Se marchó el universitario. A mi me decían en los 90 que aquello ya no es lo que era. Imagínate hoy», dice. El caso es que decidió quedarse en Santiago. Se hizo maestro cantero en Poio, trabajó con autores como Silverio Rivas y participó en la restauración del coro del Mestre Mateo catedralicio: «Llegó la crisis de la piedra y decidí no marcharme, desatendiendo ofertas de otros sitios».

Y abrió el Calpe: «Es una taberna típica, bonita, tradicional, de tazas y de cultura popular. Me pareció un honor abrirla, no solo por las tazas y el vino, sino por la unión de la gente». Le imprimió música, foliadas y actividades culturales. Anteayer el local acogió la presentación de un disco: «Hacemos un esfuerzo de precios populares para que la gente se pueda tomar un vino, a pesar de las franquicias que desnaturalizan la identidad propia». Y agrega: «Esto es cultura de resistencia del taceo, de trincheras». Lo dice un italiano.

La tarea no es fácil: el mercado acecha poderoso y sus tentáculos pueden acabar con estos negocios tradicionales. «A veces dan ganas de tirar la toalla porque la gente a menudo no lo ve ni lo agradece, y la verdad es que la taberna da difícilmente para sostenerse». Además, en España «el autónomo es una porquería». En vez de mejorar, empeora, y si le ocurre algo «se muere de hambre», clama Marco.

Días contados

A la luz «de la tendencia actual», cree que las tabernas tradicionales tienen los días contados. Pero puede suceder que sea algo cíclico, cuestión de modas culturales, «y a lo mejor dentro de diez años la gente va más a las tabernas». Hoy no se puede hacer una ruta de taceo «sin ir a otros barrios».

Lo bonito de la taberna es que «es de todos. A ella acuden jubilados, obreros, banqueros, abogados, universitarios, vecinos...». Aunque está en un callejón, al Calpe llegan turistas que «aprecian lo tradicional sobre lo común» y les «resulta gracioso beber en taza, que no encuentran en otros sitios de España». Una taberna, asegura Marco, es un punto de encuentro: «No es un bar en el que uno bebe y se va». Hay relación, charla, debate: «Aquí siempre acabas hablando con todos. El vino es comunión».

El defensor de las tazas es un italiano. Pero tan integrado que muchos no notan su deje foráneo. Hay gente, sobre todo de otros sitios de España, que cree que tiene acento gallego y que es un santiagués más. Además, Marco habla un buen gallego: «Aprender gallego es muy importante para sentirse de aquí y por respeto a la gente con la que vives».

Su ilusión es lograr la convivencia del taceo con la escultura, y para ello aspirar a mejorar el negocio y disponer de un empleado y de tiempo para compartir ambas actividades. «La crisis nos pilló a todos y cada uno se agarró a lo que pudo», dice. Aspira a vencerla algún día. Y que sea más pronto que tarde.

Nombre. Marco Cassano, nació en la provincia italiana de Barletta y se vino con 20 años para Santiago.

Profesión. Cantero, escultor y hostelero, dueño del Calpe.

Rincón. El callejón de O Peso, una estrecha rúa recóndita que a Marco le produce encanto.

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