Penúltimo adiós de Evaristo Nogueira con doble homenaje

El exdecano de los letrados de la ciudad recibió la Cruz de San Raimundo y la medalla de oro colegial


santiago

Es difícil marcharte de aquel lugar que quieres mucho y en el que te quieren aún más. Quizás por eso, Evaristo Nogueira lleva meses marchándose del Colegio de Abogados de Santiago, del que fue su decano durante quince años hasta que decidió que era momento de ceder el testigo al que había sido su vicedecano todo ese tiempo, Francisco Rabuñal. A Nogueira le está costando desligarse. Primero anunció que no se presentaría a la reelección, después dimitió por sorpresa antes del fin de su mandato y desde entonces está fuera de una institución sin acabar de dejarla. Podría pensarse que el de ayer, día del patrón de los letrados, es su último adiós institucional, pero conociendo al hombre y a los afectos y apegos que nunca dejará de infundir en el colectivo, será mejor hablar de penúltimo.

Desde luego, si ayer hubo un protagonista en la fiesta anual de los abogados de Santiago fue Evaristo Nogueira. Gozó de doble homenaje. Primero le impusieron la Cruz distinguida de primera clase de la Orden de San Raimundo de Peñafort, la máxima distinción a la que puede optar un jurista en España y que le ha concedido el Ministerio de Justicia. Después, la medalla de oro del Colegio de Abogados compostelano. De su colegio. Su emoción era evidente y más que justificada. Recordó a sus dos hijos, Pablo y Antón, a la madre de ambos, Dolores, a sus hermanos y sobrinos, a su madre, y a su padre, otro Evaristo Nogueira que también fue decano de los letrados de la ciudad y al que también le impusieron la cruz del patrón. También tuvo un enigmático homenaje para «la protagonista de mis rebajas de enero de Sabina». Evaristo es así. Genio y figura para siempre. Y prueba de que ese adiós es más penúltimo que último, lanzó una advertencia a sus hasta ahora compañeros de la junta de gobierno colegial: «Vos vou controlar». Nadie lo duda.

Hasta el resto de los homenajeados tienen algo de Evaristo Nogueira. El otro galardonado con la medalla de oro, José Paz Montero, formó con él muchos años un tándem perfecto como decano del Colegio de Procuradores. Ambos dieron mil batallas en la reclamación de las necesidades que la capital de Galicia tiene en materia de nuevos medios y juzgados. Muchas de ellas, desoídas, como se encargó de recordar en su discurso el homenajeado, que con Nogueira comparte cualidades por todos reconocidas: profesionalidad, bondad, combatividad y sensibilidad. No en vano, aprovechó el final de su discurso para librar una última batalla en pos de más medios que permitan luchar de manera efectiva contra la lacra de la violencia machista.

También se entregó el premio Dereitos Humanos, un galardón ideado por Evaristo Nogueira. En este caso, la premiada ha sido la asociación Aspas de padres de niños con discapacidad intelectual. El nuevo decano, Francisco Rabuñal, que vivió su primer San Raimundo de Peñafort como presidente del acto, tiene ante sí un buen horizonte, porque en el Colegio de Abogados los mimbres están bien puestos. Y, además, contará, seguro, con la ayuda de Evaristo Nogueira, que nadie quiere que se acabe de ir.

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