El billete de tren cuesta hasta un euro más en Galicia por la falta de cercanías

Serxio González Souto
serxio gonzález VILAGARCÍA / LA VOZ

SANTIAGO

RAMON LEIRO

Asturias o Madrid tienen trayectos similares más baratos por los servicios de proximidad

21 feb 2018 . Actualizado a las 10:29 h.

«Viajeros al tren, gallegos también». Cuando Antón Reixa y sus Resentidos rescataron esta frase del acervo de seculares aldraxes hacia el país del fin del mundo, sabían lo que hacían. Difícilmente podrá expresarse mejor la sensación de humillante discriminación que en tantas ocasiones ha caracterizado la relación de Galicia con el ferrocarril. La sentencia regresa a la actualidad gracias al pleno que mañana celebra la corporación de Vilagarcía. El gobierno socialista propondrá a la oposición un frente común para instar a la Xunta a que defienda de una vez la implantación de un tren de cercanías, al menos por lo que respecta al eje atlántico, tanto en los tramos que se han renovado y electrificado, como en los que continúan más o menos como fueron inaugurados en 1873. Es es el caso de la primera línea de Galicia, que unió Cornes (Santiago) con Carril.

La falta de un servicio de proximidad se traduce en realidades que el viajero gallego comprende perfectamente. El precio del billete, sin ir más lejos, no admite discusión. Según el lugar en el que uno suba al tren, pagará hasta un euro más que asturianos, madrileños o vascos por trayectos similares, que los ciudadanos de esas comunidades sí pueden cubrir en tren de cercanías.

Desplazarse entre Madrid y Aranjuez equivale a hacerlo entre Santiago y Vilagarcía. En el más barato de los casos, el que encarna el ferrocarril regional, más lento, el tramo gallego costará lo mismo; en el tren rápido, el billete se encarecerá en 55 céntimos. Algo parecido sucede entre Vilagarcía y Pontevedra. En Guipúzcoa, el trayecto de Zumárraga a San Sebastián siempre es más asequible, pese a recorrer una mayor distancia. Una apreciación que se repite en Asturias, al analizar el servicio entre las ciudades de Avilés y Oviedo.

Aunque el establecimiento de un cercanías puede llevarse a cabo perfectamente en la doble vía electrificada del flamante eje atlántico, Galicia dispone de varias plataformas antiguas en activo que piden a gritos este tratamiento. Una es el viejo trazado entre Santiago y Vilagarcía, que bordea la ría de Arousa y cuenta con el valor añadido de recorrer prácticamente el mismo dibujo que trazó aquel primer tren, hace 145 años. Pese a sus condiciones propicias, y a la posibilidad de multiplicar las paradas para ofrecer un servicio realmente eficaz, solo dos tipos de convoyes utilizan sus vías: medias distancias o regionales. Las consecuencias claman al cielo. Alguien que se suba al ferrocarril en Catoira con intención de llegar a Pontecesures, apenas nueve kilómetros, pagará más del doble que un tipo que cubra en cercanías los 11 kilómetros que separan Fuenlabrada de Leganés, en Madrid. Sobran razones para el debate.