Todo está en los libros, y toca saber si son de libro las tasas turísticas


santiago / la voz

Habrá de afinar el gobierno local para cuadrar los puntos sobre las íes en la implantación de la tasa a los excursionistas. Es decir, esas personas que acuden en tropel, saludan al Apóstol, visitan el corazón monumental y ocupan sus asientos de regreso sin ademán de sacar la cartera. Obviamente, el sector hotelero, y en buena parte el comercio, no le hacen ascos a un gravamen de este tipo, porque la sonrisa del visitante no alimenta sus cajas y sí les tapa el sol. En verano los excursionistas de jornada intensiva y tartera no inspiran amor ni humor.

La lógica apunta a que cualquier medida de esta índole ha de estar socioeconómica y jurídicamente vacunada, si no quiere funcionar griposa. Lo que no puede negársele al equipo de Noriega (a quien, por cierto, las amenazas de muerte de mentes criminales mueven a solidarizarse con su persona) es que venía con esta iniciativa debajo del brazo y un estudio de un experto solvente avaló la oportunidad de su implantación y aconsejó que la vacuna esté bien administrada.

La objeción es la elección del contribuyente. Está claro que perseguir al turista en su vehículo por las calles, aunque sea el excursionista más gañán y efímero, no conduce más que a probar que los vehículos policiales son capaces de culminar una persecución sin averías. La concreción reposa en los autobuses que acuden a la dársena municipal y a las localizaciones de autocares. Pocos blancos más señalados puede haber en la grey excursionista.

Traducción: Raxoi, a través de los datos fehacientes que reciba en los informes, habrá de transformar lo etéreo en concreto. En cuerpo de gravamen. Deberá ser convincente en la formulación de los quiénes, los cuáles y el cómo, y otorgarle un encaje jurídico. Si no lo hay, toca abstenerse.

Con todo, la solución más universal es la tasa turística. La Xunta, sin someterla a un examen científico, se ha conjurado para no estrenarla, pues le ve las aristas que no le hallaron en otras ciudades. Si Santiago tiene que convertirse en el bastión de la cristiandad, sea. Antes sencillo que tasador. Y lo sencillo de la administración autonómica es no incordiar. No crea la tasa porque divisa morros en la costa.

Contribuyente

Si la Xunta le pregunta a los hoteleros crudamente si quieren la tasa, estos le dirigirán una mirada ceñuda. Si un preso le pide al carcelero literatura de evasión, recibirá una patata en los cataplines. Doloroso, salvo que uno sea un ciclán reincidente. Las cosas deben explicarse bien.

La tasa revertiría en servicios turísticos, en acciones benefactoras del sector y en una pulcritud patrimonial. El pagano de estas cosas sí que es concreto, no etéreo: el ciudadano. El mismo que viste o malviste y calza, y tiene una cartera genial para embellecer la ciudad con flores a María, la turista que vuela en asiento no turista. Si el sector se arrima,...

¿Ahuyenta el nombre de la tasa al turista? ¿Le grita ox, ox, ox? Pues ya la pueden ir suprimiendo las innumerables ciudades insensatas, tipo Santiago, que la han adoptado. Absténgase el viajero, por ejemplo, de desplazarse a la vecina Lisboa, que en vez de salir por fados salió por la tasa turística. La tristeza del canto se mezclará con la del euro de la cama. Las estadísticas, sin embargo, no avalan el efecto huida, y sí un turismo mejor plantado.

Existe un estudio serio, de un economista riguroso, que ha diseccionado el escenario turístico en el que la tasa jugaría un papel claro y útil. Ese trabajo supuso un coste económico y no se ideó para ornamentar ningún estante apolillado. ¿Por qué ese estudio no se desarrolla con datos, cifras, estadillos y conclusiones que aúpen o apeen la idea? Algunas puertas a la desestacionalización podrían abrirse por ahí, por ejemplo. ¿Prematura la tasa? Puede. ¿Y cuando matura? Al menos la fruta tiene fecha.

Un párrafo turístico final para el Monte do Gozo, cuya gestión se ha quedado de nuevo desértica. Y no por la tasa. Esta paisajística sala de recepción invita al ocio, al bienestar y a refrescar las ideas flácidas. A ese ámbito de recepción le falta el recepcionista. Los operadores se quedaron de brazos cruzados en el concurso convocado, y quizás la Xunta debiera modular el proceso licitador. Porque aquí hay partido.

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