«Milladoiro es casi un barrio de Santiago, no pueden estar incomunicados a pie y en bici»

Amienses que caminan a diario hasta Compostela piden una senda vial segura y accesible


santiago / la voz

La instalación de señales de tráfico prohibiendo el paso de peatones y ciclistas por la carretera que une Milladoiro con Santiago ha caído como un jarro de agua fría entre quienes han incorporado a su vida diaria la buena costumbre, desde el punto de vista de la salud y del medio ambiente, de hacer el recorrido entre ambos núcleos caminando o subidos a una bici.

Los indicativos llegaron sin previo aviso y eso que en la memoria de muchos de ellos aún sobrevive el recuerdo de la Semana da Mobilidade de Santiago que el pasado 23 de septiembre organizó una «pedalada» desde la Alameda compostelana hasta el centro de Milladoiro. Estos seis kilómetros suponen a diario toda una carrera de obstáculos que ahora, además, está prohibida.

«Este es un problema que nos afecta mucho a todos. Para muchas cosas, Milladoiro es casi más un barrio de Santiago que de Bertamiráns. Muchos trabajamos y hacemos nuestras compras y gestiones allí. Santiago necesita tanto a los vecinos de Milladoiro como nosotros accesos a la ciudad, pero accesos bien hechos. Necesitamos una alternativa, porque no podemos estar incomunicados a pie y en bici, y cuando la haya, es lógico que se prohíba el paso por otros sitios, pero no antes».

Así se manifestaba ayer María José Acebedo Rúa, vecina de Milladoiro, que ve inviable la alternativa del tramo final del Camino porque «supone dar mucho rodeo y es para lo que es».

A su vez, Mercedes Tarrío Rivas considera que, como ella, muchos vecinos de Milladoiro son víctimas de un doble distanciamiento con Santiago. «Muchos nos venimos a vivir aquí porque allí no nos dejaron hacer vida y ahora es como si aquí estuviésemos aislados, sin poder salir si no tienes coche, cuando desde Milladoiro se podría ir caminando al Clínico y también hasta Volta do Castro», señala. Como mujer jubilada reconoce que andar es su mejor opción para ir a su ciudad natal, pero considera que con medidas como esta «a mí me echan doblemente de Santiago». Mercedes Tarrío recurre especialmente al argumento de que caminar cada día «humaniza las ciudades» y lanza también un mensaje a su Concello de adopción: «Milladoiro se diseñó para gente joven, pero mayores nos hacemos todos».

Tarrío está acostumbrada a encontrarse cada día a muchas más personas que las que cabría esperar que van a Santiago caminando o en bici. Uno de ellos es su amigo José Luis Martínez, que trabaja en Santiago y el pasado verano se compró una bicicleta electrificada para ir y volver cada jornada al casco histórico. Desde entonces, «y salvo en los días de mucha lluvia», las dos ruedas son sus mejores amigas para llegar al trabajo en apenas media hora y sin las dudas de atascos y problemas de aparcamiento «sobre todo ahora, que hay muchos sitios para dejar la bici». La suya, con motor eléctrico extraíble la carga cuando hace falta como si fuese su teléfono móvil, «y si algún día se estropea, pues me quedo con una bici clásica». Estaba muy contento con esta opción hasta que se dio de bruces con las señales y ahora ya se plantea recurrir al itinerario más largo.

A su reclamación de agosto, solicitando que reparen las aceras en A Rocha Vella, añade la demanda del tramo peatonal porque «la pista que hay no tiene luces ni aceras y por ahí pasan peatones, ciclistas, vecinos con perros y también coches, que precisamente no van despacio, y eso no es una alternativa».

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