El frío llenó los bares en una de las últimas noches de movida antes de las fiestas navideñas

Los restos de basura eran visibles en el Ensanche por la mañana

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santiago / la voz

Los jóvenes, y también algunos ya entraditos en años, recibieron el Día de la Constitución en la calle, o más bien en los locales de copas de la ciudad. La noche y especialmente la madrugada no fueron las más propicias para estar en al raso, y de ahí que los locales vivieran una jornada «más que buena», según reconocía uno de los trabajadores de la discoteca Ruta. «Fue como un buen jueves de movida», aseguró.

Durante la noche y la madrugada del martes al miércoles se juntaron universitarios con trabajadores de empresas, que aprovecharon el víspera de festivo para celebrar las tradicionales cenas de Navidad. Este cóctel es el que explica que la hostelería nocturna viviera una buena noche que, según comentaron fuentes del sector, no tendrá continuidad durante el resto del puente, porque los estudiantes se irán a sus casas, los compostelanos aprovecharán para hacer viajes cortos y los turistas que se esperan en la ciudad no suelen ser clientes del ocio nocturno del Ensanche. De hecho, en algunos los locales visitados ni siquiera tenían previsto abrir anoche.

La gran cantidad de gente que festejó el martes dejó su rastro en la calle. En el Ensanche todavía se veía a primera hora de la mañana de ayer, con vomitonas junto a los portales o en la entrada de locales comerciales (ayer cerrados por ser festivo). También era fácil ver vasos de plástico, copas y chupitos de cristal también a el suelo o, en el mejor de los casos, alineados sobre muros, contenedores, buzones de correos. La noche dio para mucho.

En todo caso, no se detectaron daños graves en el mobiliario urbano. Los incidentes se limitaron a una maceta rota en la rúa Nova de Abaixo, una caja de plástico incrustada en un bolardo y una tapa de registro retirada en Caldeirería. Al Hospital Clínico llegaron algunos casos de intoxicación etílica, aunque no revistieron gravedad. A eso de las nueve de la mañana aún había un pequeño grupo de jóvenes que apuraban una ración de comida en San Pedro de Mezonzo, mientras otras tres chicas hacían repaso de la noche.

En cualquier caso, el estado de las calles no era ni por asomo un recuerdo de lo que Santiago vivió en las décadas de los ochenta y noventa. Y ni siquiera se le parecía un poco a lo que era habitual antes de que se pusiera coto a los botellones. De hecho, los escasos indicios de consumo en la calle se limitaban ayer a un par de botellas de alcohol y otra de refresco en los edificios porticados de Rosalía de Castro y la rúa Feáns.

De lo que ocurrió por la noche en el casco histórico no quedaba ni rastro a las 8.30 horas, porque ya habían pasado los servicios municipales de limpieza, que prepararon las calles para dejarlas en perfecto estado ante la esperada llegada de los turistas.

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