«Etiopía é un país de acollida que ten preto dun millón de refuxiados»

Tamara Montero
tamara montero SANTIAGO / LA VOZ

SANTIAGO

Paco Rodríguez

La cooperante María Potel habló sobre los proyectos que tienen en marcha en el país africano

23 nov 2017 . Actualizado a las 00:13 h.

Etiopía crece, pero crece en lo macro y crece de manera desigual. Así que hay muchas zonas en las que el desarrollo todavía no ha comenzado o lo ha hecho de manera muy incipiente. Por eso Manos Unidas pone en marcha proyectos que impulsen el progreso y también procura dar a conocer la realidad de los países del sur. María Potel, voluntaria y miembro de la ONG, ha conocido de primera mano alguna de esas iniciativas puestas en marcha en el sur de Addis Abeba, la capital etíope, y ayer contó en el centro sociocultural del Ensanche qué pasa realmente en el país africano.

Se dedican a asegurar lo más básico: educación., sanidad y sustento. Por eso se han creado escuelas, «escolas ademais que teñen prestixio noutras zonas de Etiopía». Las familias mandan a sus hijos con parientes que viven cerca de esos colegios para asegurarse de que los pequeños reciban una buena educación. explica María Potel. Pero lo más importante, la obsesión «é mellorar a sanidade». La mortalidad infantil en el país es de 75 por mil. una cifra que aumenta a 350 por mil en el caso de las madres. La expedición en la que participó Potel visitó tres proyectos sanitarios. Uno de ellos estaba centrado en combatir la desnutrición, mientras que los otros dos tenían por objeto dar cobertura sanitaria a las madres. «Nun deles as mulleres chegaban un mes antes e vivían alí, porque ao mellor desprazábanse 20 quilómetros e se se lles complicaba algo non podían chegar», explica la cooperante. Así que durante un mes viven en la clínica. «Teñen unha casa común na que viven, na que preparan a comida» y en la que también conviven los otros hijos de esas mujeres. «Eses nenos son coidados pola comunidade que teñen arredor».

Agua y agricultura

Otro de los puntos fundamentales es proporcionar agua potable en un país en el que es necesario perforar decenas de metros hasta poder llegar a la capa freática y de este modo evitar enfermedades por el consumo de agua no apta para los humanos. Y otro punto esencial: proporcionar sustento a través de proyectos agrícolas. En uno de ellos intentan poner en marcha una plantación de regadío de 50 hectáreas para 147 familias y así diversificar la producción. «Teñen cereais, pero no caso da verdura teñen menos, non porque a terra non produza, que é moi fértil, é porque non teñen as sementes ou nalgúns casos descoñecen como utilizalo».

Y aunque se dice que Etiopía crece al 8 %, todavía no hay impacto en la población local. Así que «o feito de ter unha clínica, unha escola ou un punto de auga». Cosas que desde la mirada del norte parecen pequeñas pero que a ellos «cámbialles a vida por completo».

Porque el motor de lo que hacen las organizaciones que trabajan en los países en vías de desarrollo es el cambio. El mismo que opera en los clichés sobre el sur. Por ejemplo, subraya la voluntaria, «contábanos un socio local que están traballando moitísimo para que a xente non emigre». Porque ahora hay oportunidades de trabajo. «Se a xente se prepara ben vai haber posibilidade de traballo, porque están dedicando máis presuposto a educación e sanidade», explica María Potel.

«Emígrase moi pouco». De hecho, Etiopía se ha convertido «nun país de acollida, que ten preto dun millón de refuxiados». Porque Etiopía está en paz. «Si que se ve que é un país moi solidario, porque está rodeado de países en conflito: Somalia, Sudán, Eritrea, que non ten conflito pero ten moita fame». Los desplazados son de hasta 25 nacionalidades, todos viviendo en los campos de refugiados etíopes.

El personaje. María Potel es voluntaria y miembro de Manos Unidas, con la que ha viajado a Etiopía para visitar los proyectos de desarrollo que tiene allí.

El proyecto. Las acciones solidarias en Etiopía procuran dotar de educación, sanidad, agua potable y recursos agrícolas a las zonas rurales.